Una identidad habitada por el exilio, Juan Goytisolo

Señas de Identidad

Juan Goytisolo

Colección Literatura Contemporánea

Origen/Planeta, México, DF, 1986

El escritor Juan Goytisolo murió el domingo 4 de Junio de 2017 con una identidad habitada por el exilio, tal como lo refirió en su novela Señas de identidad. No encuentro una mejor forma de rendirle tributo que reseñando una de sus obras selectas, tal vez, la que goza de mayor popularidad.

Señas de identidad es una narración que se enreda en una exploración temeraria, utilizando con gran habilidad y cuidado, múltiples recursos atinadamente seleccionados, para relatarnos como Álvaro Mendiola va rompiendo a lo largo de su vida con los valores que le inculcaron en la infancia: su valor religioso, su posición social, su lengua, su patria. Esta ruptura lo lleva a buscar nuevos valores, de los que también renegará mas tarde y que le dejarán como legado una gran soledad y amargura, además de una sensación de falta de asidero, por lo que volverá a comenzar su búsqueda, volviendo su mirada al pasado: tratando de identificarse con el tío abuelo Néstor, que se suicidó en Ginebra, lugar donde su esposa Dolores abortó al hijo de ambos.

En el camino de Álvaro Mendiola que busca señales dentro y fuera de su familia, dentro y fuera de lo español, dentro y fuera del idioma, dentro y fuera del país. Como dice Gustavo Bueno en su critica de este libro “Las llamadas señas de identidad propuestas por Goytisolo desorientan sencillamente, o no aclaran, y permiten la confusión, entre las señas de identidad que expresan una unidad efectiva y real, esencial, y las que expresan simplemente una serie de conceptos accidentales, que son secundarios, transitorios, y que muchas veces se utilizan para encubrir o sugerir que hay una diferencia o una unidad que no existe” (1) En mi opinión, es la astucia del que experimenta, no solo una forma nueva de contarnos una historia, sino que encuentra cause para su rebeldía.

Goytisolo le plantea un reto al lector, lucha con él,  se entretiene a su costa y le deja pistas a lo largo del libro, que lo ayuden a completar la búsqueda. Son datos que pueden pasar desapercibidos, por ejemplo, la botella de Fefiñanes, que, en mi opinión es la clave que resume la identidad del personaje central y que vale la pena analizar. En primer lugar la botella nos ayuda a dar cuenta del tiempo que Álvaro Mendiola  ocupa para hacer su reflexión. En segundo lugar, Fefiñanes es un vino de uva Albariña, una coincidencia que no es casual, con el nombre del protagonista. La Albariña es una uva que los monjes de Cluny llevaron a España, de sabor muy similar a uvas francesas y alemanas que se dan en la riviera del Rin. La uva tuvo cruzar la frontera para evitar su destrucción. Abandonar su tierra natural, adecuarse al nuevo territorio, transformarse, para luego convertirse en referente de la región de Galicia. Un camino similar al recorrido por Mendiola, pero a la inversa. Una uva que enfrenta el exilio. Por último, el eslogan de las Bodegas Fefiñanes es “El vino, como las personas, cuanto mas cerca este de su origen, mas cerca estarán de su verdad”.  (2)

Álvaro Mendiola hace de su circunstancia de español exiliado en París la razón central de su narración. Aunque París es solo un pretexto. Como dice Octavio Paz “París es la metáfora de nuestro desarraigo y una estación necesaria en la ruta que nos lleva a nosotros mismos. Solo el desarraigo nos permitió recordar nuestra porción de realidad. La distancia fue la condición del descubrimiento. La distancia y los espejismos que esta causó” (3)  En París Álvaro Mendiola odia y extraña España: es el lenguaje del exilio, vehemente, enfático, ácido, demandante; el contraste de la memoria y el olvido. El carácter de aquel que no pierde su pasado, sino su presente, para encontrar: “Una identidad habitada por el exilio” (4)

Goytisolo rompe con las antiguas formas de narrar historias. Él escribe como piensa, con formas complicadas y retorcidas, igual al flujo reflexivo de cualquier individuo que medita sin signos de puntuación, con frases largas, inacabables. “En Goytisolo la escritura se vuelve paisaje y ese paisaje es una invención, la metáfora de una nación, de un individuo” (5)

El uso que Goytisolo hace de diferentes idiomas en esta narración, en mi opinión, no es un uso pedante, del que intenta presumir que conoce varias lenguas, es, por el contrario un recurso para complicar el descubrimiento de pistas útiles para el lector, pero, es también, una expresión de burla y miedo, o si no miedo, precaución. A lo largo de esta novela, el autor hace una crítica durísima al régimen franquista, pero la única vez que Franco es nombrado con todas sus letras, es en la última parte de la novela, utilizando al idioma francés como telón protector.

Señas de Identidad  me parece un libro sorprendente por su vigencia y por su capacidad de anticipar acontecimientos. Me hace fantasear que Juan Goytisolo tuvo a su alcance una mirilla por la que pudo ver el futuro de España, porque en 1966 era difícil poder preveer “el milagro español”,  basado en el turismo y en la integración económica de la nación a Europa, de la que Álvaro Mendiola habla en el libro, adelantándose a los hechos que iban a ocurrir. Hoy eso es evidente, todos lo saben, sin embargo, en aquella década era difícil ver como los españoles podrían salir de su difícil situación de atraso. Además la novela se mantiene actual al hablar de esas búsquedas de tantos hombres que salen expulsados de su tierra natal, ya sea por razones políticas, económicas o por una esperanza de encontrar una vida mejor, que una vez obtenida, se convierte en nostalgia, en añoranza por lo dejado atrás y en crítica por lo ya alcanzado.

Más allá de la obra, Juan Goytisolo murió enfermo, deprimido y asustado por falta de dinero. Se fue de este mundo viendo a su Marrakech querido, rodeado de sus ahijados por los que se preocupó hasta el último aliento. Fue enterrado en el cementerio civil de Larache, una ciudad pesquera junto al mar.

La imposibilidad de escribir, la falta de dinero y el deseo de costear los estudios de sus ahijados marroquíes y una fractura de fémur provocada por una caída, le ensombrecieron los últimos días. Tenía un pequeño hostal, en el que vivía y que administraba, tenía colaboraciones ocasionales en el periódico El País, pero Juan estaba triste, se sentía hundido. El autor de Juan sin tierra, murió tranquilo, en su cama. Sin embargo, habrá que recordarlo por lo que mejor supo hacer: unir letras: “¿Cuántos lectores del Quijote conocen las estrecheces y miserias en las que vivió Cervantes, su denegada solicitud de emigrar a América, sus negocios fracasados, su estancia en la cárcel sevillana por deudas…“(23 de Abril, discurso de aceptación del Premio Cervantes).

Yo te respondo Juan, pocos conocíamos estos detalles. Así es mejor, nos quedaremos con lo mejor de Don Miguel de Cervantes Saavedra como de Juan Goytisolo en sus libros que de hoy en adelante, serán los que hablen por él.

A tu salud, Juan, con una copa de Fefiñanes. Buen viaje.


(1) Bueno, Gustavo, Revista Telsea No. 19 (Oviedo, España, Febrero 2010)

(2) www.fefiñanes.es, Bodegas Fefiñanes

(3) Paz, Octavio, Crítica y Literatura (Ed. Diversa, México, DF 2005) p.183

(4) Ortega, Julio, El sujeto del exilio, (Ed. Diversa, México, DF 2005) p.61

(5) Paz, Octavio, Cuadernos Hispanoamericanos (Madrid, España, Enero 1971)

 

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