Adiós, París

“No fui electo para representar a los parisinos sino a la gente de Pittsburg”, dijo Donald Trump en el discurso con el que justifica que Estados Unidos sale del acuerdo climático de París. Con palabras revanchistas que asombran por lo primitivo de su razonamiento, Estados Unidos se lava las manos y se despide, como quien sale de una reunión en la que ya se aburrió. Siempre supimos que no todos los estadounidenses son bostonianos y que no todos son pensadores aventajados, pero creíamos que en Washington los asuntos de relevancia se manejaban en un nivel de gente que sabía pensar. Ahora, empezamos a dudar.

La salida del tratado de París, además de lo evidente, tiene muchas lecturas. Estados Unidos está dejando su posición de liderazgo frente al mundo y está liberando esa posición. Abandona París y deja el espacio a China para tomar su puesto o a Europa o a quien quiera ponerse ahí. Le da igual, o eso da a entender el presidente que ya no sabemos si fue electo por propios o por extraños. En la Torre Eiffel se encendió un letrero que dice No Plan B. 

Sin ser simplista, sí hay un Plan B. La Humanidad tendrá que aprender a caminar sin Estados Unidos al frente. Hay que decir que las emisiones de carbono de ese país se han venido reduciendo, no porque ellos hayn sido muy lindos o porque estén preocupados por la limoieza del medio ambiente —ya quedó claro que no es así—, sino porque les resulta conveniente.Las energías alternativas están avanzando por su eficiencia y esta carrera seguirá su propio paso. Con ellos o sin ellos, hay que aprender a conservar limpio el planeta, todos vivimos ahí. El Plan B que sí existe no parece tan terrible. Casi nos gusta más. 

Hubiera sido deseable que Estados Unidos se quedara, pero siempre hay un aguafiestas. Les gusta la imagen de vecinos sucios, siempre lo han sido pero ahora se quitaron la careta diplomática y descaradamente se muestran al mundo como paquidermos desnudos. Desde luego, a nadie le gusta ver esa figura cochina y adiposa sin los aliños que le hacían lucir presentable. Así son las cosas que pudieran ser de otra forma. Ni hablar.

En justicia, hay que decir que el señor Trump está siendo congruente, está cumpliendo sus promesas de campaña. El mundo se entristece ante semejantes acciones, es claro, no estamos de fiesta. La decisión no da motivos para festejar. También es claro que nuestro estado de ánimo les importa un cacahuete. La pregunta que flota en la atmósfera es si los estadounidenses están contentos. Me pregunto si en Pittsburg están felices con la decisión de su presidente. Estoy segura de que no todos. Muchos se sentirán afligidos y se harán cargo de que esa nación poderosa que fue Estados Unidos se está evaporando. ¿Será eso hacer America great again? Lo dudo.

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