Cuatro taxistas

Parece que fuera el título de una novela de detectives. De hecho, la anécdota da para urdir una buena trama: la semana pasada fueron encontrados cuatro taxistas muertos. No tenían nada en común, más que el oficio con el,que se ganaban la vida. El escenario resulta inmejorable, un lugar que está designado como patrimonio de la humanidad por la UNESCO, un pueblo tranquilo que muchos extranjeros han elegido para vivir un retiro cosmopolita. De pronto, esa tranquilidad se ve peeturbada por un misterio que queremos descifrar, ¿qué pasó ahí?

Pero, no es una idea traída por las musas, ni una ocurrencia autoral que busca escribir algo que atrape el interés del lector. Se trata de cuatro crímenes reales que sucedieron esta semana en San Miguel de Allende. La explicación que ilumina todas las sospechas parece un eterno lugar común: narcomenudeo. Las drogas como hilo conductor de una serie de asesinatos que quieren explicarse cuando no hay otra forma de entender.

El Procurador del Estado de Guanajuato ha sido muy prudente, no ha querido dar explicaciones. Ha medido con cautela cada una de sus declaraciones y ha cuidado las palabras. El reflejo de estos cuatro crímenes nos da para pensar qué sucede en lugares hermosos, en los que la gente de bien vive en paz. De repente, en momentos las cosas cambian de ser gloriosas a ser de horror. El miedo nos atrapa en formas que terminan robando aquello que costó tanto trabajo construir.

Al diablo le gusta meter la cola, ¿o será que nosotros le estamos abriendo la puerta? Las cosas empiezan a ir algo mal y nos hacemos de la vista gorda, ponemos los ojos en otro lugar y disimulamos. ¿No sería mejor meter las manos y solucionar? San Miguel de Allende es un lugar maravilloso que merece respuestas certeras. Si cuatro taxistas fueron asesinados, es preciso saber qué sucedió. 

Si se está abriendo una rendija al narmomenudeo, hay que cerrarla. En el momento en que empiezan los problemas es cuando se deben atacar. Es cuando aún son manejables y se pueden remediar. Si la demanda de drogas está creciendo, es vital advertir que un vicio es el,principio de un camino de dolor, para quien consume, para sus familiares y para su entorno.

Si inhibimos la demanda, la oferta irá disminuyendo hasta llegar a cero. Tolerar no es tener mente abierta, es ser temerario. Ahí hay cuatro taxistas que sirven de testimonio a estas palabras.

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