¿Leer canciones?

Hay en las redes sociales un asombro que cruza los límites y entra al entorno de la indignación. Maluma, un cantante colombiamo cuyo mejor atributo es el cuerpo y no la voz, se gana la vida frente a un micrófono diciendo vulgaridades y atrocidades. Tiene un éxito mayúsculo. La fórmula es genial, un ritmo pegajoso, una carita agradable y una parafernalia publicitaria que se encarga más de lo visual que de lo auditivo. Un producto del reguetón, música de ritmos latinoamericanos, entre afroantillanos y caribeños que combina notas jamaiquinas con hip hop y letras de tonos sexuales explícitos. 

Maluma no es el único que canta vulgaridades. El regetón tiene letras que objetivizan al ser humano y otras que buscan ser chistosas, que hablan de amor, de corazones rotos, de crímenes. El problema es que los ritmos nos llevan a repetir letras que en otro contexto nos pondrían la carne de gallina. Tampoco es que el regetón tenga esa exclusividad. Recuerdo haber, cantado feliz de la vida, Bohemian Rapsody de Queen, sin caer en la cuenta de lo que en realidad decía. 

La voz de Freddy Mercury y la maravilla de los instrumentos me hacían pasar por alto el hecho de que la letra tratara de un hijo que con frialdad le decía a su madre que acababa de matar a un sujeto, poniendo una pistola y jalando el gatillo. A mi favor diré que no era la única. Todos cantabamos felices de la vida un asesinato y nos moviamos encantados de la vida al oír el exitazo de Queen. Incluso hoy, lo hacemos.

Pero, claro, el poder de las letras hechas palabras nos tira la venda auditiva y nos da un estado de conciendia que le quita la diversión a la barbaridad. Maluma no es Freddy Mercury ni de cerca, no tiene la voz ni la educación musical, y por suerte para el colombiano, tampoco el físico del solista de Queen. Tampoco tiene su éxito, pero no le va nada mal. Lo curioso es que las aberraciones que canta, fascinan a muchachitas que repiten las letras de sus canciones con un gusto que nos asombra. ¿En serio te gustaría que te trataran así? Claro que no. Ni siquiera se han dado cuenta de lo que cantan. Pero, igual pasa con letras de Marc Anthony y de otros reguetoneros. Lo hicieron igual Ozzy Osborne, Los Beatles, La Arrolladora Banda Limón, Los Bukis y tantos otros. La gente repite sin dar significado. No todos pueden cantar que están presos entre las redes de un poema y se concentranen un  amor de cuarenta y veinte. 

La música aletarga, amanza leones. Cantamos por el gusto de repetir un ritmo y no reparamos en lo que decimos. Así, se repiten panegíricos al narco, a los asesinatos, al adulterio, a los golpes, a la guerra, al desamor, a la canallada, a los rincones oscuros del alma. Leer canciones tiene un efecto poderoso, de repente entendemos que las palabras significan algo. Y, entonces, o se potencia el gusto o nos amarra la lengua. Pero, a decir verdad, volvemos a cantar. 

Maluma es un efecto, es un producto de nuestro tiempo. Muchos de estos golpes efectistas se diluirán con el tiempo y quedarán en el olvido. Insisto, no es Freddy Mercury aunque él nos haya puesto a cantar sobre un asesinato.

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