Las palabras de una presidencia estadounidense

Amy Davidson, de The New Yorker, nos platea una pregunta interesante: ¿Por qué invertimos tanto tiempo en hacer coincidir lo que dice Donald Trump con la realidad? El hombre empezó una guerra muy particular desde que decidió recorrer el camino de la política, se enemistó con sus propias palabras y batalla contra ellas todos los días. A un compás alocado hoy dice y mañana se desdice, plantea fantasías imposibles de lograr, sueña con mundos de ficción en el que la única coincidencia es la pobreza de lenguaje con la poca factibilidad de sus planes. No obstante, nos preocupamos pues se trata del Presidente de los Estados Unidos.

Cuando el señor Trump empezó a caminar rumbo a la Casa Blanca, los pronósticos eran que jamás llegaría precisamente por esta forma descoordinada y francamente brusca de actuar. Pero, nos equivocamos y se equivocaron. Nosotros con nuestras predicciones y los electores al poner ahí a un hombre que dice haber bombardeado Siria por consejo de su hija. Por suerte, la grandeza de Estados Unidos se sustenta en sus instituciones y la herencia del pasado sirve de freno de mano a un sujeto descolocado que creyó ser rey y no presidente. Confunde conceptos, no hay duda. 

Según el planteamiento de Amy Davidson, cualquiera que sea su fuente de locura, desde la perspectiva del Presidente Trump, la realidad debe empatarse con su imaginación. Sin duda. El hombre ha querido arrugar la ley, desestimar al Congreso, hacer de lado las instituciones, ignorar a los jueces. Y, evidentemente,  esto le sucede a un hombre que no se reconcilia sus palabras, que no sabe describir lo que habita su mente y que está dando signos de una terrible falta de rumbo. Eso eligieron los estadounidenses y con ello tenemos que padecer en el mundo entero.

Con la pericia de un maraquero, tuvo la asertividad de generar ciertos eslóganes que aceleraron el ritmo cardiaco de muchos, sea para despertar temor o para generar cariño. No hay planes, hay ocurrencias. China, Corea del Norte, México, Comercio, Migración, Asuntos Internos, son temas que le llevan a emitir palabras por impulso. La forma simplista en que generaliza todo revela esa estructura desnatada, desentonada, light, frivola como base y fórmula para dirigir a un país de la talla de Estados Unidos. 

A casi cien días de gestión, el mundo está aprendiendo a leer a Donald Trump. Estados Unidos pierde credibilidad en forma acelerada. Si Trump fuera presidente de otra nación, hoy a poco más de tres meses de mandato, ya nadie le haría caso. Pero, el hombre es poderoso, aunque por suerte, hay instituciones que le amarran las manos y le ponen orejas de burro y lo mandan al rincón a reflexionar. Hay quienes no entienden.

Claro, las palabras de Trump cayeron al mundo como un mazazo. Causaron una gran impresión que se convirtió en una decepción inconmensurable. También en un alivio, mucho ruido y pocas nueces, dice el dicho. Ahí, no hay sustancia. Hay veces que el Presidente de Estados Unidos hasta me causa ternura. Lo veo como ese alumno torpe pero empeñoso, como ese chico que quiere y se esfuerza pero no logra entender la asignatura, como ese joven que sabrá Dios porqué llegó a ser titular del equipo y que cada vez que le llega la bola, se equivoca de movimiento, como ese sujeto que quiere ser popular y no le sale. Lo veo con la agilidad de un pato que camina junto al estanque. Lo malo es que el ganso va dando pasos en un campo minado en el que todos, estadounidenses y el resto de la Humanidad habitamos.

Las palabras de esta presidencia estadounidense son de jabón, provocan pompas que estallan a los pocos minutos de ser emitidas. Son efímeras pero tienen daños reales de amplio espectro. Un vocablo de este sujeto puede hacer que el tipo de cambio en México suba y eche abajo una buena transacción y deje sin empleo a personas de carne y hueso. Una orden mal calculada mata a civiles que debieran ser respetados. Una locura para la actividad aeroportuaria que le cuesta millones de dólares a una nación. El desperdicio de palabras lleva a desperdicio de recursos. Es una pena, apenas van cien días. 

En un estado de incongruencia total, Trump califica este periódo como magnífico. Está claro que el significado que el le da a las palabras es muy diferente a lo que el resto del mundo interpreta al oirlas. No hay duda, la guerra mas peligrosa que estamos viviendo es la que el Presidente de Estados Unidos le ha declarado a sus propias palabras.  

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