Día mundial del libro

¿Qué tiene este conjunto de hojas de papel manuscritas o impresas  o digitales que, cosidas o encuadernadas o guardadas en un archivo electrónico, forman un volumen? Se ha dicho tanto sobre este artefacto al que le han vaticinado mil muertes, al que se ha defendido con millones de argumentos, al que se le ha críticado por arcaico o por ultramoderno, al que se le ha tratado de encasillar en uno u otro formato y es que después de la rueda y la cuchara, no hay otro invento tan genial de la Humanidad, Umberto Eco dix it. 

El libro es ese vehículo que trasciende distancias, físicas o inmateriales, reales o virtuales. El libro es el puente que pone en contacto al lector con el autor, independientemente del lugar donde viva cada uno, si el texto acaba de ser escrito o lleva años de haber sido publicado, si el que escribió está vivo o muerto. El libro es la puerta a mundos diferentes, a universos en los que interactúan personajes que nos permiten ver sus modos de vida, sus rasgos físicos, sus sentimientos, sus anhelos, sus planes, sus pensamientos. 

Un libro es un amigo que no se reserva nada para sí. No guarda un sólo secreto. Todo lo cuenta, todo lo da, todo lo entrega. El pacto es sencillo: hay que recorrer los renglones para entrar en contacto con semejante grado de generosidad. Es una espiral de esfuerzos conjuntos de autor, editor en el que se plasman fantasías o realidades, o ambas, sean literarias, científicas, crónicas, críticas, teorías. Es el testigo fiel que está ahí para preservar el recuerdo y defenderlo del olvido.

El libro presenta la posibilidad al lector de entrar a lugares que en otra forma, tal vez, jamás podría presenciar. Por las hojas que entrelazan una historia podemos ver un asesinato en un tren, un hijo que se cuestiona sobre la muerte de su padre y los romances de su madre en la noche mientras camina por los pasillos de un castillo en Dinamarca, un pájaro que le da cuerda al mundo, un marciano que observa la tierra, un pueblo habitado por fantasmas, una mujer que reclama la necedad a los hombres que acusan a las mujeres sin razón, la mitad de un sol amarillo, un asesino serial que recorre las calles de Guanajuato, una hermana que se suicida y otra que busca entender sus razones, una oportunidad de conseguir un boleto a Tokio, un par de frailes gemelos que están en medio de una intriga que les cobró la vida.

El libro es el reflejo creador de una mano que quiso elevar la pluma. Es la oportunidad que tenemos para tomar la perilla y girarla para acceder. El pasaporte necesario para entrar es entender los signos del alfabeto. El que trasciende esa frontera accede a un espacio maravilloso en el que lo humano entra al terreno que también es sagrado.

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