Lumidolls

Jugar es traspasar un umbral para entretenerse y de ser posible, para divertirse. Los juguetes son estos artefactos que incitan la imaginación y nos abren las puertas de la fantasía. Las muñecas han sido, tradicionalmente, para que las niñas imaginen que son mamás, si se trata de un bebé, o para que fantaseen sobre lo que es la vida de mujeres grandes, si se trata de una muñeca tipo Barbie. Claro, el mundo como lo conocemos va cambiando y ahora eso de clasificar los juguetes por género ni está de moda ni es polítcamente correcto. Que cada quien juegue con lo que le de la gana y sueñe lo que el juguete le inspire. Hace rato que hay juguetes para adultos.

Las Lumidolls son figuras de plástico con cinturas estrechas, vientres planos, bocas abultadas que tiene bisagras que  permiten ajustar la posición que el jugador quiera. El color de pelo, de ojos, de piel, la forma de vestir, el tamaño es a gusto de la fantasía y ya se sabe que se trata de un juguete que no tiene voluntad ni temperatura ni sangre que le corra por las venas. Es un juguete que obedece a la imaginación del que interactúa con la muñeca.

Es curioso como estos juguetes se han vuelto tan populares. Tanto así que han traspasado su influencia a mujeres de carne y hueso que tratan de lucir como Lumidolls. Decía mi amigo Manuel que no hay mujeres feas, hay mujeres pobres. Pero, hay pobres mujeres que han invertido fortunas para parecerse a estos juguetes y el resultado es francamente feo. Orificios nasales que parecen enchufes eléctricos, bocas semejantes a un sillón de sala de espera de hospital, ojos almendrados como ranuras de una ratonera, pechos tan inflados como globos de feria de niños. Caras tiesas, plásticas, tensas, con la flexibilidad de las piedras y la calidez de una lápida de mármol.

Meg Ryan, Nicole Kidman, Melania Trump tuvieron rostros bellos que hoy no pueden mover. Nos da la impresión que en cualquier momento se les caerá un pedazo, que la porcelana no dará de sí y se estrellará en mil fragmentos hasta dejar una nube de polvo. Nos da miedo verlas, sentimos que en tres, dos, uno, se autodestruirán. Tal vez ya lo hicieron. 

Elba Esther Gordillo, Josefina Vazquez Mota, Alejandra Barrales, Layda Sansores buscaron la hipersimedridad en un bisturí. Lo malo es que, en busca de consuelo, de belleza, de juventud, a veces nos encontramos con algo distinto. Dice el dicho que no hay que estirar tanto la cuerda porque se rompe. Con la piel pasa igual.

Mujeres, lumidolls que tienen una rigidez tal, que parece que si las dejas ahí sentadas, así se van a quedar, unas porque no tienen vida, otras porque no tienen remedio. 

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