Nuevas formas de guerra

El antentado en el metro de San Peteraburgo me confirma que las estrategias para hacer guerra están cambiando. Las campañas napoleónicas quedaron atrás. Los campos de batalla en los que dos ejércitos combaten parecen cosas del pasado. La lógica de las formas bélicas se mueve de lugar y deja en desuso ciertas armas. Los tanques, las metralletas, los cañones pierden uso, ahora las armas de destrucción son menos sofisticadas, una bomba de clavos, una camioneta todo terreno, un trailer sirven de la misma forma en que antes lo hacían las bayonetas.

Claro, antes había el honor de los ejércitos. Los soldados se enfrentaban para defender las causas de cada lado y los civiles sufrían el hambre y el desastre de los esteafos de la guerra. Pero, poco a poco ese honor se fue perdiendo. Los efectos colaterales se transformaron en víctimas inocentes que tuvieron la mala fortuna de estar ahí. Es verdad, las guerras siempre han cobrado vidas inocentes. Pero, el día que en Enola Gay abrió sus compuertas para liberar a Little Boy y estallar sobre Hiroshima y días después Backscar hizo lo propio sobre Nagasaki se abrieron las puertas desastrosas de Pandora. ¿Cuántos japoneses murieron sin haberse enterado de las razones que hubo para bombardear Japón? ¿Cuántos niños, mujeres, ancianos y hombres de bien quedaron hechos cenizas sin haber hecho daño alguno en su vida? Y lo mismo aplica para esos drones que matan sin precisión, que se equivocan y caen en hospitales o en refugios o en campamentos de la Cruz Roja. 

La desesperación que causa la guerra es igual siempre, pero el honor es un parámetro diferenciador.  

Parece que esas formas en las que se piden disculpas por el fuego amigo, o en las que ni siquiera se preocupan de decir lo siento, están siendo copiadas por terroristas. Pero, la sofisticación de sus procedimientos se están simplificando. No necesitan bombas de destrucción masiva, ni robots teledirigidos. Se valen de artículos cotidianos, casi domésticos y sin dar importancia a la inocencia o identidad de sus víctimas, perpretran el crímen, casi sin invertir grandes cantidades de recursos.

Ni en Niza, ni en Londres ni en San Petersburgo se vieron tanques, ni metrallas. Ni siquiera se vieron pistolas o cuchillos. La guerra adquiere otras formas. Las medidas preventivas e intimidatorias a las que se vio sometido el mundo desde la adminsitraciónnde George Bush, no han surtido efecto. Parece que la maldad no se inhibe por decreto, a las pruebas me remito. Es tiempo de buscar los origenes verdaderos y reconciliar con el mundo a estos personajes que son capaces de matar porque ya no tienen nada que perder.

El honor que antes llevaba a un soldado a batirse cuerpo a cuerpo sin meter en la lucha a quienes no formaban parte del ejército se perdió y con ello, la transformación de la guerra nos deja con ojos llorosos y dientes rechinando.

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