El Espacio Memorial del FC Barcelona

Entiendo que la pasión por el deporte nos lleve a hacer cosas sumamente extravagantes, pero para todo hay un límite. También me queda claro que con el pensamiento obnubilado por el amor, podemos cometer tonterías. Cualquiera puede dejarse estafar en medio del delirio que causa la afición. A todos nos puede pasar lo que le sucedió al rey que desfiló desnudo frente a su pueblo pensando que lucía un traje maravilloso. Para caer en la cuenta de la estupidez se requiere una voz inocente que grite: ¡el rey va encuerado! Los estafadores tienen labia y modos efectivos para vender espejitos y obtener plata. Ni hablar.

El fallido negocio funerario del FC Barcelona es el típico ejemplo de la frivilización máxima del destino seguro del Hombre. La falta de un rito funerario, la pérdida de un sentido más alto, lleva a algunos a inclinarse ante cualquier cosa y a adorar hasta la veneración algo que no es sagrado. Ahí no se vendió la emoción que da recibir los boletos para un partido, ni un meet and greet con Messi, ni la camiseta sudada de Neymar Jr. Aquí estamos frente a los sentimientos de la gente. De despedir con honor a los que se fueron y de permitir a los que se quedan decir adiós con dignidad. 

La historia del Espacio Memorial del Barcelona FC es una estafa que ya está en manos de los jueces. Sólo para dimensionar, se trata de un fraude de noventa millones de euros. El proyecto pretendía construir lugares para que los aficionados al Barça pudieran dormir el sueño eterno junto al Camp Nou. Se trataba de habilitar un espacio lateral con miles de urnas. Así de gótico como se escribe y así de tétrico como se lee. El estadio se convertiría en un cementerio lateral, en el que los muertos estarían gozando a perpetuidad de los gritos de felicidad frente a los goles y padecerían el rechinar de dientes cada que su equipo perdiera.

¿En qué estarían pensando al valorar semejante idea? Mezclar la magnesia con la gimnasia es pésima iniciativa. La euforia y el dolor son mezclas muy peligrosas. La divergencia de los proyectos las ve hasta un niño. No imagino cómo sería un funeral en la lateral de la cancha si se está jugando la final de la Copa del Rey. No imagino cómo estarían los asistentes a las exequias si el Barça está a punto de anotar un gol o si de plano ya perdió frente al Real Madrid. ¿A quién le darían el pésame: a los deudos, al occiso o al entrenador del equipo? Pero eso ya no sucederá, la estafa se consumó. Los sastres del rey huyeron antes de ser descubiertos en su estafa. El traje del emperador resultó de aire.

Ya hay imputados, Santiago Bach, empresario que quiso juntar deporte y muerte, desvió recursos. Claro, el juez ya lo llamó a declarar y el señor no ha acudido. Me temo que no acudirá. El Club Barcelona se quiere lavar las manos, pero dieron autorización. Las autoridades municipales de la Ciudad Condal dieron autorización. Los directivos del FC Barcelona están metidos hasta el cuello en esta estafa. Por lo pronto, el sitio de Internet del Espacio Memorial ya está cancelado, ya no hay forma de contactar a nadie para comprar un nicho tan cerca de la cancha y las reflexiones de incompatibilidad entre lo fúnebre y lo deportivo ya dan cuenta de la incompetencia de todos los involucrados.

Lo más tétrico del asunto no es terminar este despropósito de un plumazo y que paguen los rateros. Lo verdaderamente terrible es que se vendieran gavetas para meter restos humanos. No son palomeros en los que se meten nidos, son nichos con cenizas de personas que respiraron, amaron, vivieron y tuvieron personas que los amaron. Lo macabro es que ya hay espacios ocupados y el Club Barcelona quiere sacar a los muertos de ahí. No son trebejos que como ya estorbaron hay que cambiarlos de lugar.

Algunos dirán, no tiene la culpa el indio, sino quien lo hace compadre, y aunque es cruel, puede que tengan razón. Desde pequeños nos han enseñado que no podemos sumar peras con manzanas. ¿A quién se le ocurrió que eso era una buena idea? Nadie se detuvo a medir las consecuencias del fracaso. Hemos tratado de ser tan modernos, de creer que ser cosmopolita y abierto no es compatible con ser profundo y reflexivo. No se trata de usar alzacuellos, pero esto sí es una cuestión de valores. Jugar con restos de personas que tuvieron pasos en este mundo es criminal. Los que creen que no hay nada después de la muerte se equivocan. Aunque no crean en la trascendencia, cuando alguien muere, deja deudos y si los despojos humanos no les merecen respeto, al menos los vivos sí que deberían tenerlo. 

Lo curioso es que las imagenes de los nichos muestran imágenes religiosas sobre las lápidas. La cosa se complica cuando además de los sentimientos, hablamos de cuestiones religiosas, de creencias, de fe. Ahí no hay moneda de cambio. La frivolidad y la falta de respeto adquieren otras dimensiones. Ser superficial en cuestiones deportivas es lo de menos, es lo espererado. Este tema retrata de cuerpo entero a los involucrados. A los que serán sacados de ahí, a los que los llevaron a quedarse ahí, a los que accedieron al proyecto, a los que lo autorizaron y con más ganas a los que estafaron. 

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