Cultura de la integridad

La integridad es un valor radical, o se tiene o no se tiene. No hay matices, no puedes ser relativamente íntegro. Cuando hay duda es que ya se empeñó la figura. Si hubo un trastabilleo ya se abolló la cosa. En términos de probidad, no hay medias tintas. Así es, no hay otra forma. Cuando tratamos de darle la vuelta, de buscarle tres pies al gato o queremos marear al velador, ya pasamos al lado oscuro.

Como no hay grados, la deshonestidad empieza con actos pequeños, tal vez imperceptibles, a veces inofensivos, pero la desgracia es que la deshonestidad va escalando. Empiezas copiando en un examen y si la cosa para ahí, no se perdió mucho, pero los temas de corrupción son como un cáncer voraz que infecta órganos vitales. Es un enemigo silencioso que atrapa y no suelta. 

Por eso, la tolerancia cero es una base sólida para la construcción de la cultura de integridad. Recientemente, en dos empresas distintas, dos funcionarios fueron atrapados mientras copiaban en un examen para acreditar una capacitación. En ambos casos se reportó la incidencia a Recursos Humanos. Sin embargo, los derroteros fueron distintos. En un caso se inició un procedimiento en el que el denunciante tenía que padecer un proceso para demostrar que efectivamente el sujeto había copiado. La presunción de inocencia se respetó tanto que parecía que quien había obrado mal era el denunciante. En el otro caso, la amabilidad se desplegó a ambos lados y todos estuvimos comodísimos.

En ambos casos, los que copiaron intentaron nadar de muertito, jamás acusaron recibo y, por supuesto, llegado el momento, qusieron echarle la culpa a todo el mundo sin asumir la responsabilidad de sus hechos. En ambos casos, se trataba de ejecutivos de alto nivel. En el primer caso, despidieron al copión. En el segundo, metieron la tierrita debajo del tapete y se conformaron con que la persona no recibiera su certificado. La cultura de la integridad no acepta hoyos ni puede tener flexibilidad. En las universidades y en las escuelas los parámetros deben radicalizarse aún más proque ahí se está formando a los que sostendrán las riendas del futuro. Ahí se inocula el germen de la deshonestidad y es justo ahí donde debemos vacunarlos para que no crezcan torcidos. Copiar, plagiar, dejar de dar crédito, hacer trampa debe ser sancionado con severidad. 

Si paramos la cadena de corrupción a tiempo, pondremos remedio y apuntalaremos la honestidad. Si no, no.

Me entristece ver que hay quienes ven con naturalidad hacerle hoyos a los asuntos de integridad. Me asusta ver que el jersey de Brady haya aparecido en poder de un directivo mexicano. Me irrita pensar en lo fácil que le resultó tomarse una selfie con el hombre al que le acababa de robar. Me indigna que hubiera querido hacerse el tonto y que se hubiera salido con la suya si no lo hubieran atrapado con las manos en la masa.

Así, los gobernadores ven natural robar del erario público o tomar lo que no es suyo. No hay hoyos posibles ni excepciones para la probidad, o eres o no. No hay medias tintas. Si respetamos este principio, estaremos creando una cultura de la integridad, si no, no.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: