De democracia y tipo de cambio

Como si las estrellas se dispusieran a favorecer a la moneda mexicana, ayer el peso regresó a  niveles de cotización similares a los de noviembre del año pasado. En realidad, no es que los astros se alinearan a favor de México, ni que este repunte sea gracias a las declaraciones de Peter Navarro, consejero comercial de la Casa Blanca o de las medidas cautelosas que Janet Yellen, presidenta de la Fed tomó. Claro que ayuda la visión moderada y la cción cautelosa de los actores, pero no es sólo eso.

Por fin, después de mareo que ha traído al mundo el hecho de que un hombre del espectáculo esté despachando en la Oficina Oval, las aguas están regresando a su nivel. Las infulas imperiales, los golpes en el escritorio, los gritos desaforados, los movimientos alocados se atemperan a causa de los efectos democráticos. Los estadounidenses han creado instituciones que  sirven de contrapeso a un hombre confundido que creyó que era monarca en vez de presidente. 

Por instantes, el mundo cayó también en ese error. Muchos se tropezaron,  intimidados por tanto efecto mediático, pregúntenle a la señora Theresa May si no. Ella salió corriendo a inclinarse ante un monarca cuyo cetro es de chocolate. Las instituciones pusieron al señor en su lugar. Se nos olvidó que ese país puede estar dividio, ser racista, mal educado, vicioso, con brotes prepotentes, pero han creído en la democracia. Si no fuera así, un ganzo como este no habría tenido oportunidad de llegar a donde está. La suerte es que las fuerzas equilibradas de los poderes ponen el fiel de la balanza en su lugar y las babosadas encuentran poderes para ser contenidas.

Por eso, mientras más ocurrencias, más golpes a media cara tendrá en Preisdente de Estados Unidos, hasta que se aplaque o hasta que lo entienda. Mientras más aplacadito, mejor le va a la moneda mexicana que fue la que ha padecido mayores males ante la estridencia de la zanahoria que se creyó en cuento imperial cuando sólo era presidente. Pobre de él y que bueno para México.

El populismo pierde cuando hay organizaciones de estado fuertes, poderosas y confiables. Pobres de los que no creamos en ellas. Aquel que manda al diablo a las instituciones muestra, de cuerpo entero, sus ambiciones intolerantes y sus intenciones poco democráticas. Una democracia previene ocurrencias y protege de actos autoritarios. En esa condición, un sujeto como Trump en México sería una desgracia. 

Hacía tiempo que no sentía admiración por lo que sucedía al norte de nuestras fronteras. Hoy, me da un gusto enorme que un juez le pueda plantar cara a la figura presidencial. Me gustaría que aquí, llegue el momento en el que un Presidente tenga las manos controladas y que si se pasa de listo, haya posibilidades de ponerlo en su lugar. 

Por eso, no creo en las estrellas, creo en la democracia.

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