El incómodo senador Barbosa

Miguel Ángel Barbosa es el coordinador de la bancada perredista en el Senado de la República. Si nos atenemos a lo que dicta el deber ser, su posición es de gran seriedad y de máxima relevancia. Los votantes de ese partido esperan que sus representantes velen porque su ideología se repete y su modo de pensar sea incluido en las normas que se dictan en el poder legislativo. Claro que en la vida real, la cosa es distinta. Los políticos ven por sus conveniencias y nadan con la dirección que les dicte la corriente. Y, en ese sentido, Barbosa hizo lo conducente, se comportó como todos pero su error fue descararse frente al respetable.

Así, con la mayor de las ingenuidades o el cinismo bien colocado, dijo que el daba su apoyo a López Obrador, líder de Morena, un movimiento político en el que Barbosa no milita y que no lo tiene sentado en el Senado. Y, así comenzó la avalancha. Claro que todos sabemos que el PRD es un partido con militancia muy rijosa, que son rebeldes, si no no estarían ahí, que todos tienen la mecha corta y la lengua floja, que se agrupan en tribus y que una y otras se sacan los ojos a cada rato para después perdonarse y salir abrazados en la foto. Ya lo sabemos, también sabemos la adoración que le tienen a López Obrador, aunque los haya abandonado ahora que el barco se les está hundiendo. Pero, creo que a Barbosa ahora sí se le notaron las costuras y enseñó las uñas largas.

No se puede andar en la procesión y tocando la campana. Hay definiciones que son sustantivas en la vida y fidelidades que no permiten inclinarse al sur y al norte al mismo tiempo. Hay que decidir. Barbosa lo hizo en una forma tan extraña que raya en la traición. 

Algunos, con largueza de generosidad, justifican a Barbosa diciendo que el señor quiere tender lazos con Morena y así salvar al partido que se les está muriendo. No sé, me parece que eso es tratar de justificar lo que no tiene mas que una explicación. En medio del escándalo, Barbosa se aferra a su curul, no tanto por amor a su partido, lealtad a sus electores, certeza en sus convicciones, sino por las canongías que se le aparejan a su posición. Al menos, eso parece. Ser líder de una bancada en el Senado tiene sus prestaciones difíciles de abandonar. 

Pero, lo que le faltaba ya llegó. Su propio sensei, su tlatoani mayor ya le puso una bofetada en los cachetes. Andrés Manuel le sugiere renunciar al PRD, no lo deja caer, lo invita a Morena. Seguro Barbosa obedecerá a su jefe. Pero, ¿no habría sido más digno hacer las cosas bien y de forma ordenada? Hubiera hablado muy bien del Senador, si en vez de agarrarse a su silla, hubiera renunciado antes de hacer público lo que ya todos sabíamos. Pero, de ese destello que nos dejó ver Barbosa, ya nos podemos dar una idea clara de cómo se manejan las cosas y cómo se negocian los destinos.

Sin duda, Barbosa es un ser incómodo que ya perdió su zona de confort.

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