Dumbphones: un paso atrás o una nueva tendencia

El dicho popular nos aconseja jamás dar un paso atrás, ni para ganar impulso. Por eso, la noticia me hace gracia y a la vez me sorprende. No entiendo, todavía,  si es la marca de una tendencia o una simple ocurrencia. Pero lo que sucedió en Barcelona, con motivo del Mobile World Congress,  habla de como los movimientos pendulares de las preferencias nos pueden dejar con la boca hasta el suelo. Resulta que el modelo de Nokia 3310 se convirtió en el producto más celebrado.

El modelo 3310 es como aquellos aparatos pequeños, que cabían en el bolsillo del pantalón, con una pantalla pequeña, teclas de verdad y sirve para llamar y enviar mensajes de texto. Verlo, me remite al pasado, como si hubiéramos caminado hacia atras diez años. Es tosco y muy rudimentario. Nada de conexiones a internet, correo electrónico, juegos, waze, localizadores, agenda digital… nada de eso. Y, arrasó en Barcelona, ¿por?

Hay algunas razones importantes, la primera es el precio, el 3310 cuesta 49.00 €, mientras un iPhone llega a precios mayores a los 650.00 €. Sin embargo, parece que hay razones de más profundidad que se están valorando. Hay una necesidad creciente a la desconexión. La gente esta harta de recibir mensajes a cada momento y en todo lugar. Es muy cansado estar disponible 24/7. Es muy estresante escuchar la campanita de un recado entrante y no atenderlo de inmediato. La intimidad se rompe, el descanso se perturba, el romance se interrumpe, las conversaciones pierden hilo y al estar tan disponibles, nos fatigamos y perdemos calor humano. 

Los denominados dumbphones son aparatos humildes, pero respetuosos. No se inmiscuyen en la cotidianidad personal. Acatan los tiempos de ocio y placer de sus dueños, no son sonajeros de la inmediatez y dan un espacio de silencio, pues ya casi nadie marca un teléfono para hablar. Estos aparatitos rescatan el uso de la voz como forma de comunicación. Hay quienes precisan de un poco de calma, de dejar esa visibilidad absoluta y de descansar sin interrupciones molestas o de cien mil fotografías de lo que alguien come, de lo que el amigo de alguien más visita o de tu jefe compartiendo una idea para el proyecto un domingo en la mañana.

Es dificil pensar en volver a ese paraíso de silencio y quietud que existía antes de los teléfonos inteligentes, por mas que añoremos los fines de semana tan libres de caminar por las calles, de tomar un café o leer el periódico de papel. Nos hemos vuelto muy dependientes de la conectividad, de la facilidad para trabajar desde cualquier lado, de tener una secretaria adosada a la mano e infirmación en tiempo real. Es complicado imaginar unos dedos lejos de pantallas que nos resuelvan la mitad de las necesidades. Me parece que no sucederá, pero los cambios de tendencias son sorprendentes. 

En fin, alguna vez leí en algún muro, un dicho pintado con letra de muchos colores: mientras mas inteligente es tu teléfono, más tonto te vuelves tú. ¿Cómo hacer para recuperar inteligencia? Ya no recuerdo el número telefónico de nadie, mi aparatito adorado se encarga de eso y de tanto más. No sé, tal vez sea una tendencia que nos sirva para desintoxicarnos de tanto dato o un guiño nostálgico. Hay que tene cuidado con lo que se desea. Sin embargo, al ver los botones del teclado del Nokia 3310, hay un efecto seductor que me hace sonreír.

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