Cuando el tiro sale por la culata

Desde que Trump está en escena, la moneda que más se mueve es el peso mexicano. Ante las estridencias del hombre de los espectáculos que hoy despacha en la Oficina Oval, las monedas se tambalean y, como sucede, lo que para unos es catarro a otros se les hace pulmonía; mientras otras monedas en el mundo se depreciaron, el peso perdió valor. La manifestación era muy peculiar, incluso en los debates entre Hillary y Donald, si ella decía algo bueno, el peso se fortalecía y si él lucía mejor, el peso se derrumbaba. Así la moneda de curso legal en México se devaluó y las operaciones se abarataron.

En esta condición, el golpe a la nación, que más se ha pegado por la actual administración estadounidense, la vuelve atractiva. La exportación de productos mexicanos se ve favorecida pues ahora comprar en México y operar aquí es más barato, ergo, más atractivo. Los que conocen y entienden estos conceptos están relamiendose los bigotes ante el banquete que se les presenta, hay hambre por México. No se trata de un apetito generado por solidaridad, sino uno mucho mejor sustentado y de mayor solidez: conveniencia.

México se vuelve un país conveniente para hacer negocios, no nada mas por su posición geopolítica sino porque con estos movimientos entre el peso mexicano y el dólar estadounidense lo han convertido en un lugar muy adecuado. Es una cuestión de dinero, simple y sencilla. Por eso, no extraña que Wilbur Ross, Secretario de Comercio estadounidense, se muestre partidario de adoptar un mecanismo que permita mejorar la relación peso-dólar. 

Lo que no pueden hacer diplomáticos y ministros lo esta haciendo el Estado de Resultados de las empresas. La valoración entre los ingresos y los egresos coporativos hacen que México sea más bello que las chicas que participan en los concursos de belleza del señor Trump. Pareciera que la estridencia presidencial que busca mayores negocios para devolver la grandeza a esa nación, al menos en el corto plazo, no les está funcionando. Claro, las palabras, aparentemente comedidas de Ross, desataron una inmediata apreciación del peso mexicano. En ese galimatías, hagan lo que hagan tendrá efectos que no serán positivos para sus intereses. 

Me recuerdan a Sam Bigotes, esre personaje de las caricaturas, que al estar persiguiendo a Speedy González, siempre terminaba con la cara llena de hollín. Las escopetas siempre le detonaban en la cara.  Mas les vale entenderlo de una buena vez. La política del buen vecino es benéfica para ellos. Aporrear al de al lado no es buena idea, es como darse un balazo en el pie. Hasta que lo entiendan, les seguirán estallando los cuetes en la manos. Serán como esos tiros que salen por la culata. 

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