El Honorable Cuerpo de Bomberos de la Delegación Benito Juárez

A cualquiera se le sube el espíritu y le crece la esperanza cuando, en medio de la angustia, se tiende una mano de ayuda. Al hablar del Honorable Cuerpo de Bomberos hay que lavase la boca. Son gente bendita que se dedica a auxiliar  en forma experimentada y totalmente empática. Son resilentes a carta cabal. Lo digo en primera persona. Ayer, Gis nuestra gatita gris se cayó en un hueco que se forma entre las paredes colindantes de la casa de los vecinos y la nuestra. El espacio era estrecho, tal vez quince centímetros y estaba atorada.

No puedo terminar de explicar lo que se siente al ver aa un ser tan querido en ese nivel de aflicción. La veía en el fondo de un hoyo y no encontraba la forma de ayudarla a salir de ahí. Me miraba con esos ojos verdes de pupilas de raya como diciendo, ¡ayúdame, mira dónde estoy! ¿Qué hago, Dios mío? Y, en más de un sentido, del cielo llegó la respuesta.

Al llamar a la oficina de los Bomberos ( la mayúscula va por el mérito ), me preguntaron de qué se trataba y, como si fuera protagonista de una caricatura, les pedí que vinieran a rescatar a mi gatita Gis. De inmediato enviaron un escuadrón. El tránsito pesado de la Ciudad de México hizo que su llegada se dilatara veinte minutos, lo que es prácticamente nada que a mí me parecieron siglos. 

El capitán del escuadrón y su equipo dedicaron toda la mañana a la Operación Rescate de Gis. La gatita había caído profundo, era imposible tratar de sacarla, así que a mazazos, rompieron la pared de la cocina para hacer un hoyo y rescatar a Gis. Nunca me imaginé que tuviéramos que llegar a esos extremos ni mucho menos que los muros de la casa fueran tan sólidos. Los muchachos de escuadrón le dieron duro a la pared y a base de paciencia, músculo y perseverancia, después de tres horas lograron hacer el hueco para sacarla, asustadísima, pero sana y salva. 

Al despedirme de ellos, les pregunté cuánto les debía y todos me contestaron que con un gracias era suficiente. Hasta me sentí mal por haber hecho la pregunta.  Aceptaron desayunar en casa y después se fueron a seguir remediando males. Los bomberos son hombres buenos y de bien.  Son ese reducto impoluto que no se ha dejado manchar por la suciedad de la corrupción que asalta al mundo. Al despedirlos, no sólo me quedé feliz sino agradecida.

Mi gatita Gis está de regreso en casa sana y salva. Mi esperanza creció varios volúmenes y mi espíritu se elevó al cielo. La fe se iluminó. Sí existen los ángles y cuando los necesitas, se visten con impermeables y cascos, les llamamos bomberos. Ahora, tengo la certeza de que puedo contar con una corporación que me extenderá la mano cuando me encuentre en una situación de angustia.

Es de bien nacidos ser agradecidos: Gracias totales.

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