Unidos contra el extraño enemigo

Las palabras de Francisco González Bocanegra que quedaron plasmadas en el himno nacional mexicano resuenan en el ambiente con fuerza: Mas si osare un extraño enemigo, profanar con sus plantas tu suelo, piensa ¡oh, Patria querida! que el cielo, un soldado en cada hijo te dio. Nos topamos con un vecino bravucón y boquifloja y ya nos pusimos los colores nacionales. En las redes sociales hubo una irrupción de banderitas y en nacionalismo nos broto por los poros. Sí, pero eso de la unidad, ya es otra cosa.

Los mexicanos seremos unidos, gritan por ahí, mientras los pícaros dicen por lo bajo, ¿unidos?, más bien, nidos de víboras. Hay que unirnos para hacerle saber a Trump de qué estamos hechos. Y, verdaderamente, si pudieramos organizar un frente común, seríamos más fuertes. Pero, nos gana el protagonismo. María Amparo Casar llama a una marcha y la denomina Vibra México y mas tarda ella en convocar que la señora Wallace en organizar otra, el mismo día. Como que las cosas no suman, más bien restan. 

Decimos que nos queremos reunir, pero desestimamos la posibilidad de hacerlo en torno al Presidente. Aquí, una evidenciamás de la triste y vapuleada imagen de Enrique Peña Nieto que cada vez se ve más flaco y rebasado. Pero, nos guste o no, eso fue lo que elegimos. Así son las democracias, hace apenas unos años se oían los gritos que lo invitaban a subirse a todos los colchones de las mujeres mexicanas y hoy, está tan solo en su despacho presidencial. Se la buscó, dirán. Y yo pienso que a estas alturas, no nos queda de otra más que apoyarlo.

¿Quién si no él y su equipo van a negociar con la Casa Blanca? No será ni Amparo Casar  ni la señora Wallace ni la oposición ni los candidatos noveles ni los eternos ni los buenos ni los malos, sino el Presidente es el único que legítimamente nos puede representar frente a ese extraño enemigo. Eso fue lo que elegimos hace años y llegó en forma democrática a ese lugar, aunque ahora a la mayoría nos caiga mal. 

Lo cierto es que Enrique Peña llegó a la silla presidencial mucho más fortalecido que Trump y sus primeros movimientos fueron más certeros que los del primer mandatario estadounidense. Imagínense lo que va a pasarle en poco tiempo, él que a pocos días de estar al mando, no se aguanta ni él mismo. Pero, suspicacias aparte, lo de la unidad no es mala idea. Debilitar al Gobierno es escupirle al cielo. Los que quieren reunirse, sin plan  ni estrategia, darán golpes de ciego o estarán jugando el juego perverso que busca frutos en el 2018. Eso es maligno. ¿Cuál es el peor enemigo?

Será tiempo de empezar a medir las consecuencias de jugar al tío Lolo. Un negociador debilitado es lo peor que nos puede pasar, seamos del color que más nos guste, de la preferencia que mas nos acomode, del partido político que más nos convenga, hoy el mejor plan se llama unidad. Y, ni modo, nos guste o no, nos caiga bien o pésimo, nos encante o nos choque su esposa, nos enfermen o nos encanten las palabras del Canciller, nos parezca bien su gabinete o no,  lo creamos un asno o un figurín, eso es lo que hay. Más nos vale verlo con mejores ojos.  

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