El impulso egocéntrico

Al principio, daba risa. El mundo que gira en torno al yo gana fuerza y va adquiriendo estridencias cada vez más potentes. El exhibicionismo parece una epidemia que nos puede llegar a infectar. Buscar dar un paso atrás, salirnos de la caja y analizar, parece la única forma de prevenir un cataclismo. Pueden parecer palabras exageradas, pero los estertores ganan volumen y quienes los emiten están llegando a posiciones de poder. Ya no es chistoso ni hay motivos para que nos gane la risa.

Claro, hemos brincado de la obsesión por las selfies a enarbolar promesas de campañas que tasen impuestos a lo extranjero. Marine Le Pen se lanza al camino de las elecciones presidenciales francesas el próximo abril con un discurso proteccionista, antieuropeo y medidas que siguen esa dirección. El manifiesto de todo lo anterior está mal y aquí estoy yo para arreglarlo todo en forma mesiánica ha rendido grandes frutos. Échenle un ojo al habitante de la Casa Blanca. Incluso en Downing Street se empiezan a manifestar estos síntomas.

El bello Narciso, arrobado por su propia imagen, fue incapaz de amar a nadie más que a sí mismo. Estaba tan ocupado en su propia imagen que murió enamorado de su propio reflejo. Lo que Freud catalogó como una patología y Chrisopher Lasch acreditó como una conducta social, hoy se repite en cada uno de nosotros en forma tan constante y tan creciente que llega a causar asombro, tal vez preocupación.

El impulso egocéntrico nos toca a todos y es difícil reconocer su aspecto negativo. Lo logramos distinguir en los demás y no lo acreditamos en nuestra persona. Es que, el amor a nosotros mismos es sutil y común, avanza en forma discreta pero una vez que se encarrera, los resultados son dañinos. ¿Cómo no compartir un poco de la felicidad que me causa un logro en las redes sociales? Sí, claro. Pero de ahí a enseñarle a todo el mundo, qué como, qué tomo, qué siento, a cada momento y en cualquier lugar, resulta extenuante para quien se muestra y enfadoso para quién observa.

La distorsión entre lo que creemos que la gente ve y la reacción que causa abre una brecha de percepción realmente amplia. Entre los likes que conseguimos y la sinceridad que expresan hay un gran trecho. El impulso egocéntrico tiene, sin duda, un aspecto autocomplaciente que es muy placentero. También, tiene elementos muy virtuosos que nos permiten compartir en tiempo real, lo que antes hubiera tardado mucho en darse a conocer.

¿Cómo lograr equilibro y dominar el impulso egocéntrico? Templanza, una palabra que está perdiendo vigencia y que nos podría venir muy bien. Evitar caer en la trampa de la inmadurez, ser los suficientemente listo para no embelesarnos con nuestra propia belleza, lo suficientemente crítico para ver nuestros fallos y lo suficientemente compasivos para saber que nuestros éxitos y nuestros fracasos tienen caducidad. Sortear los problemas que nos plantea la imagen del espejo es la forma de domar este impulso egocéntrico que nos puede dañar. Ya lo está haciendo.

 

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