El agravio común

Me sorprenden varias cosas de las formas en las que cambia el mundo y de las reacciones que manifiestan algunos. Aquí todos, incluso los que guardan silencio, dan a conocer su postura. En esta condición, todos tenemosmuna postura y ella es una seña de identidad que nos ubica en un lado o en el otro de esta novísima situación mundial. Es curioso como a México se le mira ya sea con ojos de ternura o de alarma, como si el país fuese un agente externo. Como si las medidas fuesen a afectar nada más a los mexicanos y los demás asistieran como espectadores. Lamento informar que el agravio es común a todos.

El territorio iberoamericano se funde en la cabeza del señor Trump como una masa uniforme, para él abajo del Río Bravo todo es México, España incluida, por supuesto. El mapa mundial se vuelve a partir en dos. Aliados o enemigos del nuevo presidente de Estados Unidos y en esa clasificación va el mundo entero. Así nos dividimos sin remedio, lo mismo los que opinamos que los que guardan silencio, los que se sienten fuera de esos conjuntos, también pertenecen. Nadie nada de muertito. Nadie puede hacerse el disimulado. Nadie.

Extrañan los silencios. 

Llaman la atención los que se quedan callados, pensando que así ni se ven ni se oyen y permanecerán a salvo. Mandatarios de países a los que llamamos hermanos, naciones a las que México les ha tendido la mano y que ha recibido a sus hijos para que no sigueran errantes en el mundo. También sorprenden las de estos mexicanos notables que no han emitido una sola palabra, los expresidentes Zedillo y Salinas tienen los labios de cera y muchos notables imitan su ejemplo. ¿Será que no se sienten aludidos? Malas noticias, aquí todos estamos en este embrollo.

Por eso, la generosidad de las palabras de Juan Manuel Caballero Bonard, escritor español, ganasor del Premio Príncipe de Asturias 2012, conmueven: El ciudadano que no se considere de algún modo mexicano, colombiano, chileno, es que carece de algún fecundo componente educativo. Ahora mismo, con ocasión de esos execrables agravios perpretrados por Trump contra México, mi condición de español ha incrementado fervorosamente mi modo de ser mexicano. Es decir, comparto sin reservas las acciones contra ese soez agresor. 

La hostilidad hacia México no tiene exentos. Pega a los que disimulan, a los que gritan a favor o en contra, a los latinos que votaron a su favor y en contra, a los que están en alguna posición del gobierno, los que forman parte del Estaso, a la oposición, a los intelectuales, a los políticos, a los economistas, a los obreros, a los empresarios, a los jóvenes y a los viejos, a los que vivimos en este territorio bendito, a los que viven más allá de estas fronteras, a los que tiene pasaporte mexicano y a los que no.  A todos nos pega. Algunos pensarán que el golpazo les dará impulso, otros tiritarán de miedo ante lo que viene, otros analizarán y tomarán decisiones, nadie pasará desapercibido.

Pero, no se trata de las patrañas que nos quieren hacer creer. Se trata se humillar y hacer de ello un espectáculo, en ese sentido el agravio es común para la gente de buena voluntad. ¿En qué lado quieres estar? No es ajeno, ni para otros. El agravio es común.

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