Frente a la mezquindad…

Esparamos con impaciencia el mensaje del Presidente Peña. Las novedades nos dejaban ver que las cosas van corriendo por un sendero que parece, francamente, peligroso. Con nuestros representantes más lúcidos en Washington, mientras se sentaban a preparar la reunión de los mandatarios mexicano y estadounidense, el señor Trump hacía un acto imperial, para mostrar como su gracil mano garabateaba una firma sobre una orden ejecutiva para construir un muro en la frontera. 

Más allá de la factibilidad del proyecto, de las condiciones geográficas que le van a complicar el plan al señor, de las impresiciones en términos de plazos para iniciar la obra —soon es un término que luce muy vago para firmar una orden ejecutiva—, Trump muestra una prisa por demostrar que el es todopoderoso. No imagino lo que sintieron el canciller Videgaray y el secretario Guajardo al enterarse que su anfitrión ya les estaba pintando una calabaza antes de sentarse a platicar.

Mientras, acá los ánimos se descontrolaban. Andrés Manuel López Obrador le da un espaldarazo al Presidente Peña, ¡cómo estará la cosa!  Cardenas, siempre tan prudente, recomienda que no se asista a la reunión del treinta y uno de enero, representantes de la derecha, como el señor Gil apoyan esa moción. Otros, se hacen cargo de la importancia que tiene la relación bilateral y lo peligroso que sería moverse en forma errática.

¡Pobre Presidente Peña! Tan impopular y con decisiones tan delicadas en el panorama. ¿ Voy o no voy? Se preguntará. Espero que esté valorando los impactos. Tal vez sea bueno recurrir a un poco de teoría. Los métodos de negociación que marcan estos procesos tienen como objetivo que las partes crucen la meta al mismo tiempo. Si uno lo hace antes que el otro, el resultado no pudo ser ventajoso para ambas partes. Alguien ganó y alguien perdió. Negociar no es competir. Parece que las condiciones de esta cita en particular, no son las óptimas para llegar hombro a hombro y llegar juntos. 

Frente a la mezquindad de quien se sienta a una mesa de negociación con el único fin de imponer, dominar y maltratar, el consejo de los teóricos como el profesor McCabe de Georgetown University, lo mejor es parar antes de que el proceso empiece y esperar a que las condiciones para negociar se den. Para detener una negociación, para levantarse de una mesa, para frenar el dialogo hacen falta dos cosas: análisis y valor. Si en la valoración de la ruta, está claro que nos vamos a estrellar, mejor no iniciamos el proceso. Si se encuentra un resquicio para encontrar condiciones que le permitan ganar a ambas partes, entonces vale la pena intentar. 

Pero, negociar requiere de honor y voluntad. El Presidente Peña deberá valorar, analizar lo que sus paladines le informen sobre las diez horas en que estuvieron en la Casa Blanca. Me temo que no le habrán dado buenas noticias. Lo que se ve, no se juzga. La rigidez de sus gestos, la palidez de su rostro dijeron lo que en palabras no expresó. Si a Videgaray y a Guajardo les hubiera ido bien, lo habría dicho. ¿Voy o no voy? Pensará.

Frente a la mezquindad de su anfitrión, tal vez no sea buena idea irse a meter a la boca del lobo. Sin embargo, serán los datos que reciba y la ponderación que haga de ellos lo que espero que incline la decisión de nuestro Presidente. Y, tal como están las cosas, parece que la inmediatez y el corto plazo no plantean un escenario favorable. 

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