Ya son diecinueve, hijita

Hay fechas que se le graban a uno en el corazón con tanto poder y contundencia que dejan una marca que dura todos la vida y seguro, traspasará la eternidad completa. No necesito cerrar los ojos para recordar con claridad lo que sucedió el 14 de enero de 1998. Ese dia, en la madrugada, llegó a mi vida una de las mejores sorpresas que he tenido en la vida, me convertí en mamá de Andrea. De repente, antes de lo esperado, empezaron las manifestaciones de que querías ver el mundo. 

Llegaste a mis brazos para hacerme entender lo que sería el privilegio de ser tu mamá. Fue sólo un anticipo de lo que habría de venir. La ternura de verte tan pequeñita se equipara con el asombro de verte ahora. Es verdad, pareciera que las manecillas del reloj tomaron vuelo y de repente pasaron diecinueve años. Más pronto de lo que pensé, tengo una hija que camina dando pasos fuertes y seguros, que adelanta pasos y toma decisiones. Así, en un santiamén, esa bebecita ya descubrió su vocación y está a punto de entrar a la Universidad. 

Esa pequeñita a la que abrazaba en el hueco de los brazos, hoy es una cómplice maravillosa con la que comparto tantas similitudes. Nos acompañamos, caminamos lo mismo en las mañanas de Acapulco, que por las calles de San Miguel, o por los pasillos de algún museo. Platicamos, a veces por horas enteras y otras guardamos silencio una junto a la otra, mientras cada una persigue palabras en los renglones de algún libro. Tenemos puntos de acuerdo, pero no siempre pensamos igual. Disfrutamos mucho de estar juntas, aunque no siempre tenemos los mismos gustos. Ella se saborea un plato de cebollitas asadas y no hay forma de que disfrute remar en un kayak.  Escribimos. Y sí, el segundero me juega una broma, porque todavía puedo ver esa manita que hace círculos con un crayón en el intento de formar una letra. 

Así, con la misma seguridad con la que soltó mi mano el primer dia de escuela y entró al Jardín de Niños sonriente sin mirar atrás, así con la misma certeza con la que la Miss Rodríguez me aseguró que Andrea sería feliz en la Escuela Moderna Americana, con la tenacidad con la que ganó dos veces el campeonato de tenis del Asturiano, con la pasión con la que va a Yoga, con el desapego con el que se separó de la raqueta y con la facilidad con la que se sienta a combinar colores y dibujar, con la virtud con la que pone a volar pájaros que están hechos de tinta, con esa fuerza y convicción, yo vuelvo los ojos al cielo para dar gracias. Mi hija creció y sigue creciendo. 

A veces, me gustaria sostener las manecillas del reloj y dejarlas quietas. Congelar el tiempo, detenerlo con los dedos. ¿Pero, cuál sería el mejor momento para hacerlo? Pienso en ti, aprendido a caminar, tambaleándote para no caer de sentón en el suelo, o sonriente en tu vestido de Primera Comunión, o nerviosa minutos antes de presentar tu libro, o confundida porque se te apagó el coche por frenar abruptamente sin meter el clutch, o muerta de risa con tu hermana, o dormida al lado de Chai, o haciendo los pizarrones que te pide tu padre, o sentada frente a mí a la hora de la comida. Menos mal que no puedo. Cuántos momentos, hijita, que se quedan atesorados en el corazón. ¡Qué increíble! Ya son diecinueve años hijita. ¡Feliz cumpleaños!

 Que la bendición de Dios te cubra, te proteja y te guíe siempre. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: