Temporada de pactos

Se inaugura la temporada de pactos económicos. Así como sucedió en tiempos del presidente Miguel de la Madridy se   prolongó por algunos años más, Peña Nieto busca el apoyo de las cúpulas y lanza, como en aquellos días y con aquellas formas, su Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y Protección de la Economía familiar. Lo que pasa es que en esos años las cosas eran muy difententes. 

En primer lugar, el México de entonces era basicamente unipartidista, la oposición era muy reducida y su voz casi inaudible. Las cámaras estaban al servicio del mandatario, las centrales obreras y campesinas tenían representación y mecanismos operativos, los empresarios obedecían. La popularidad del presidente era un factor irrelevante, pues si era aceptado o no, realmente no importaba ya que no había muchas alternativas. No obstante, la desesperación causada por una economía fuera de control con inflaciones de tres dígitos llevó a que la CTM a emplazar a una huelga general para exigir un aumento de emergencia del 46%.

La respuesta del gobierno fue el Pacto de Solidaridad Económica que se firmó por Miguel de la Madrid, Fidel Velazquez como representante del sector sindical y Agustín Legorreta por parte de los empresarios. Nada más de recordar a estos personajes, nos damos cuenta de lo distintas que son las cosas. Hoy, México ya no es ni cupular ni corporativo, las centrales obreras y campesinas han perdido representatividad, los legisladores no se inclinan ante la figura presidencial, los empresarios no son tan dóciles y elevan la voz para criticar el entuerto que se diseñó sobre las rodillas y se presentó con bombo y platillo, tal como se hacía en los años dorados del príato.

En segundo lugar, es necesario decir que ese México tenía números muy distintos, la inflación en el mes de enenro de 1988 fue de 15.5% y la tasa anual alcanzaba los niveles de 180%, el valor adquisitivo estaba pulverizado. El peso se devaluó el 100% y el tipo de cambio quedó artificialmente fijo en 2.33 pesos por dólar. En esa condición, a pesar de la preponderancia partidista, del control estatal y de la comodidad del poder, hubo que negociar con los sectores. Todos pusieron de su parte: hubo un incremento de emregencia al salario de 15%, se elevaron los precios y las tarifas del sector público y  vino acompañado de un importante recorte al gasto público. 

Hay que decirlo, se produjo el milagro. La economía reaccionó adecuadamente, la inflación cedió y para mayo ya estaba en niveles del 2%. Los empresarios aguantaron el embate, las familias se ajustaron, el Estado se apretó el cinturón, las centrales obreras y campesinas entraron al aro y los resultados sorprendieron a propios y a extraños. El México de entonces ganó respeto. Luego, engolosinados, vinieron nuevos pactos que tuvieron efectos cada vez menos espectaculares hasta que se dejaron de lado.

Hoy, México cambió. Las centrales obreras y campesinas no representan a todos, la oposición tiene voz y tiene dientes, los empresarios expresan su digusto, la sociedad civil se manifiesta, las redes sociales descubren lo que se quiere encubrir, ya no nos dan atole con el dedo, el Presidente Peña anda con la popularidad por los suelos y no se le ve con mano experta para conducir un barco que anda en medio de una tormenta. 

Las condiciones en las que se lanza este pacto, tienen similitudes a las de otros pactos. Vienen después de que el Estado ajustó sus tarifas y buscan jalar los hilos de la economía. Sin embargo, en aquellas épocas el exterior no era una amenaza, era una oportunidad. Hoy, además del cochinerito que traemos en casa, tenemos un vecino que no tiene empacho en demostrarnos desprecio. Ya nos está pateando y aún no está en funciones, veremos qué pasa después del 20 de enero.

Por lo pronto, con la crítica del sector empresarial, de la oposición, con el resentimiento de la sociedad civil, Enrique Peña Nieto nos propone un acuerdo. Vendrán incrementos en los precios, de eso no hay duda. Ya se están dando, lo que se espera es que no sean galopantes ni estridentes. Veremos si hay buenos resultados.

El Banco de México está operando y tendrá que tomar decisiones de política monetaria, tal vez suba la tasa de interés otro 0.5% antes de que Trump se suba a la silla presidencial. Ni hablar, a ver a que santo nos encomendamos. 

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Danilo
    Ene 10, 2017 @ 09:12:00

    Y todo esto porque, la verdad, seguimos siendo un país de meseros y recamareras

    Responder

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