Como en los ochentas

Me despierto, enciendo la radio y tengo la impresión de haber despertado treinta años atrás. El locutor habla de la dificultad de empezar un año con alzas generalizadas en los precios, de incrementos en la canasta básica, de inflación, declaraciones de funcionarios que parecen no entender porqué todos andan tan enfadados, más voces angustiadas, vocablos como inflación y la convocatoria para un pacto en el que haya un compromiso de todos los sectores por no aumentar los precios. Estoy segura de que se trata de una pesadilla y que todavía no me despierto bien. 

Me tallo los ojos, enfoco y respiro con aliivo. Ahí están mi iPad y mi teléfono movil. Estoy en mi casa, no en la de mis padres. No tengo las uñas pintadas de color neón, ni veo ningún tipo de Aqua Net en el tocador. Entonces, ¿qué pasó? Palabras que teníamos guardadas en el armario, que se habían extraviado en los laberintos del recuerdo, están siendo usadas de nuevo. Arancel, inflación, proteccionismo, barreras comerciales, fronteras, desaceleración económica se asoman al vocabulario cotidiano.

La generación X, a la que pertrnezco, sabe lo que significan estos vocablos. Crecimos con ellos, convivimos de cerca y nos ocupamos de sacarlas de la escena. Les dimos batalla y creímos que les habíamos ganado la batalla. Parece que al despertar, el dinosaurio sigue ahí. Los millenlials no saben mucho de estos significados, nacieron en un mundo global, con cadenas de valor internacionales, con pactos de cooperación entre naciones. Para ellos, es normal ver un traje de baño en un catálogo en Internet, pedirlo y recibirlo a la puerta de su casa. Saben que la compañía diseñadora es australiana, el diseño está creado en Milán, el material se compra en Indonesia, se arma en China, se factura en Bahamas y la compañía transportadora es estadounidense. La globalización no les causa admiración, es parte de su vida.

Pero, el mundo está cambiando. Los protagonistas son conocidos para unos y otros aún no saben ni pronunciar palabras que están en los libros de economía. La confianza del consumidor anda arrastrándose, la economía del hogar se ve enfrentada a decrementos en el poder adquisitivo, las explicaciones del Presidente Peña no se entienden mucho, vigilancia en la canasta básica y tantas viñetas en los medios de comunicación confunden. Vemos al mundo frente a una maquinaria de mil palancas que están rotuladas con nombres extraños y sus operadores sudan, fruncen el ceño y corren a ocupar otras posiciones, porque la que tienen les da mucho miedo.

Así estábamos en los ochenta. Hace poco,  vi en San Miguel de Allende un letrero que nos invitaba a imaginar que nos encontrábamos en esa época. Lo miré con algo de añoranza.Hay que tener cuidado con lo que se desea, puede hacerse realidad. El letrero se refería al Wifi, pero alguien entendió mal y en vez de volver la época en la que platicabamos sin el estorbo de una pantalla, regresó un monstruo que no queríamos despertar.

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