Muerte en la Rúa Augusta

Muerte en la Rúa Augusta,

Tedi López Mills,

Almadía, México 2009.

Me topé con este libro en una venta de remate que se hizo en el Auditorio Nacional. Como sucede a menudo, el libro me llamó la atención por la portada, un diseño recortado, extraño y al mismo tiempo atractivo. Lo empecé a hojear, el capítulo cero me atrapó: Sobre el cadáver del señor llamado Gordon ( junto a una alberca, bajo un árbol) se halló un trozo de papel, donde alguien, hasta quizá el propio señor Gordon, había garabateado unas palabras: “Anónimo dijo, esto ni se lee ni se entiende”. Parecía una advertencia y un reto que el autor ( que en realidad es autora), planteaba. Así que acepté el reto y compré el libro. Hay que aprender a hacer caso de las advertencias.

Con una selección de palabras sumamente extraña, el libro, que pretende ser una novela —así lo clasifica la editorial—, con ritmos poéticos, se nos revela una especie de desdoblamiento que sufre el señor Gordon después de haber sido jubilado. La autora nos interna en una mente perturbada y el lector tiene que poner mucho de su parte para seguir el hilo narrativo. A pesar de ser un texto corto, son 149 páginas en un formato de media carta, no se puede leer de un jalón. Cuesta avanzar. Yo dejé la lectura en dos ocasiones y la retomé por puro amor propio. 

El narrador no es de fiar pues su mente perturbada nos deja pistas sobre un dinero, una esposa vieja y probablemente adúltera, un amigo traidor, una obsesión por albercas y la posibilidad de que todo suceda en la mente perturbada del señor Gordon. Si bien, la autora siembra de pistas el relato, en ocasiones evidencia sin necesidad lo que ya dijo: Pues, ya ves, se volvió loco (p. 18). Tiene renglones logrados: ¿dónde puse la sombre del espejo que dejé un día pegada? (P.16) 

Estamos leyendo un diario de un personaje principal que anota y dibuja. En el cuaderno azul anontó: Mis albercas. En el blanco, Mis dibujos.(p.22) Las ilustraciones que adornan el libro son grotescas, agresivas y pretenden complementar el caos que refleja el libro. Es un complemento pararextual que, al igual que el diseño de Alejandro Magallanes, quieren completar el texto de López Mills y al final, terminan estorbando, aunque cumplen la intención: venden porque atraen. Sin embargo, encontré el librito en una venta de remate.

López Mills es eficiente al reflejar la desesperación de un hombre viejo y jubilado que pierde el rumbo al perder el trabajo, Muerte en la Rúa Augusta es un poema narrativo que busca meternos a la consiencia de un perturbado,  sin embargo, la autora pierde la secuencia y parece que llega a un final en el que le falló la verosimilitud. Se habla sólidamente del libro y creo que queda a deber. Hay mejores poemas narrativos y mejor logrados. Al final, el lector siente que la autora tenía que terminar y escudada en la locura de su personaje, concluyó con una ocurrencia.

Muerte en la Rúa Augusta es un libro extraño. Se reimprimió, lo cual indica que su primer tiraje tuvo éxito. No obstante, no hubo muchos más lectores que concordaran con ese extraño gusto que la autora quiso imprimir a este caótico texto. Tal vez, esa sea su mayor cualidas, logró trasñnsmitir espléndidamente la emoción regente.

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