La caza del carnero salvaje (Haruki Murakami)

La casa del carnero salvaje

Haruki Murakami

(Traducción del japonés de Gabriel Álvarez Martínez)

Tusquets, Barcelona, 2016

Leer cualquier libro de Haruki Murakami es entrar a un mundo onírico en el que nunca se está seguro si se trata de un ensueño o una pesadilla. La caza del carnero salvaje no es la excepción. La última novela del autor japonés nos mete a un escenario lo mismo real que fantástico y por el arte de su pluma, siempre verosímil. 

La emoción regente, como en la mayoría de sus textos, es la melancolía. Es la nostalgia de algo que se ha ido y no sabemos bien a bien qué es. También nos adentra en una situación en la que la cotidianidad se detiene para dar paso a sucesos fantasticos, en donde el día a día está teñido de aburrimiento y los perosnajes son expulsados de ahí, de ese paraíso conocido para ser enviados a una misión que no se llega a entender del todo pero que se debe hacer a menos que se quieran sufrir las consecuencias. 

Parece que Murakami entiende que la cotidianidad no se puede romper así de fácil. Sabe que en el aburrimiento diario hay un tesoro y que en el aventurarse hay mucho miedo. Maestro de la incertidumbre, nos hace internarnos en situaciones tan extrañas que  le creemos casi con devoción. Así escribe este hombre. En la caza del carnero todo se detona cuando un publicista que está a punto de cumplir veinte años publica una fotografía que parece inocente, irrelevante, tal vez ni siquiera la hubiera publicado de no haber sido por la petición de su amigo El Rata.

La fotografía retrata una montaña con un rebaño de ovejas y carneros pastando que, curiosamente, lo pone en la mira de un grupo de poder. La vida de este personaje que es el protagonista, una vida aburrida y totalmente común, se interrumpe para iniciar la búsqueda de un carnero que tiene ciertos poderes y que sale en la foto. Encontrar ese carnero es el hilo conductor de la trama y en ello recae la amenaza, si no lo logra localizar, pagará las consecuencias. 

La línea narrativa corre sobre las anécdotas de la búsqueda. Los personajes secundarios son una novia con orejas espectaculares, un amigo que lo mete en problemas por una fotografía, un socio al que abandona, un maestro experto en ovinos, una organización poderosa, un Hombre Carnero —personaje que recupera de otra de sus novelas Baila,baila, baila—. La novela arranca con la muerte de una mujer sin nombre y ahí el autor nos atrapa: Un amigo se enteró por casualidad mientras hojeaba el periódico y me llamó para comunicarme que ella había muerto. (P. 13)

Los nombres juegan un papel curioso, como los silencios en la música. El primero que se menciona es el de Yukio Mishima y lo hace hasta la página veintiuno. Parece que los desestima, sin embargo, escribe los siguiente: … o sea, si tiene vinculos afectivos con los seres humanos y sentido del oído tiene derecho a que se les ponga un nombre. (P 192).  Se refiere a los motivos para no dar un nombre: … les preguntó cómo se llemaba esa tierra. ¡Cómo va a tener nombre esta mierda de sitio!, le contestaron. Por ese motivo, la colonia no tuvo nombre durante algún tiempo. (P.254) O, para dar un nombre, Érase una chica que se acostaba con todo el mundo. Ese era su nombre (P. 16)

Al final del capítulo IV, empieza, oficialmente, La caza del carnero. (P.61). La narración es en primera persona, sin embargo, Murakami hace juegos de narrador, en el que pasa la voz a otros personajes de manera tan natural que un lector distraído podría dejar de darse cuenta. No tenía idea de qué estaba tratando de contarme ese hombre. (P. 147).  El uso del hiperbatón, que en ocasiones hace que el lector quiera arrugar la nariz, no sé si atribuírselo al autor o al traductor. Cambia la estructura sintáctica y altera el orden entre el sustantivo y el adjetivo en forma tan extraña que results molesta: Una fresca brisa (P. 236). La habilidad que tiene Haruki Murakami de hacernos claro que el personaje es japonés, la traducción tan castiza resulta extraña, ni hablar traduttore, traidore.

Trata el tema de Dios en pocos renglones:… Pero, y qué puedo hablar con Dios si no soy cristiano. No creo que sea ningún problema. Usted cuéntele con franqueza lo que piensa, lo que le preocupa. Dios nunca se aburre ni se burla de uno, por estúpido que sea lo que uno cuenta. (P.164). Escribe sobre las ganas de rendirse: Tenía ganas de abandonarlo todo y descender de inmediato para tirar la toalla. Lo mas fácil habría sido llorar a moco tendido, pero me negaba a hacerlo. Tenía l aimpresión de que, más adelante, habría algo,por lo que merecería la oena llorar. (P. 341).

La busqueda del carnero salvaje es una novela laberíntica como lo es el universo murakamiático, es la narración de una búsqueda  entrañable y borrosa, heroíca en el sentido del viaje de héroe y de la transformación que sufre, y en el sentido del heroísmo requerdio para emprender esa búsqueda. Al terminar de leer queda un regusto a ceniza, una melancolía por haber terminado y un gusto por haber llegado al final, como sucede con Murakami. ¿Su mejor obra? No, no lo creo. No obstante, una lectura recomendable, sin lugar a dudas.

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