Neuronas

Los seres humanos tenemos más neuronas que cualquier otro primate en el Reino Animal. Tristemente, no siempre se nota. En la temporada navideña y de fin de año, en la que algunos estamos llamados a la paz, a la reflexión, en vez de usar lo que tenemos en el cráneo, parece que lo desestimamos y lo dejamos de usar. En la época decembrina, corremos como ratones en laberintos y terminamos exhaustos y con la cartera adolorida. Ni hablar, entramos en un paroxismo artificial y dejamos de lado la oportunidad de internarnos en nuestro corazón y escuchar.

Claramente, las neuronas no nos están sirviendo de mucho cuando vemos que en Berlín un camión atropella inocentes, cuando no hay razón para que la maldad se manifieste en forma tan absurda. Pero lo que sucede en Berlin, pasa en cada persona que aprovechando la situación, busca su propia ventaja. ¿En qué piensa una persona al acelerar un camion para atropellar a gente que ni conocía ni le había hecho daño? Seguro no estaba pensando.

La manipulación religiosa es terrible y causa daños. Ahí no está Dios. 

El Holliday Inn de Kirby Road en Houston está muy cerca de la zona de hospitales. Muchos enfermos se hospedan ahí, muchos reciben noticias terribles. Me dio tristeza ver como gente que sirve ahí, manipula a estas personas para ganarse una propina o para sacarle provecho a una situación de tristeza. Hablan de esperanza en Dios, no con el afán amoroso de compartir la fe y la creencia de que algo mejor llegará, sino por recibir monedas. Una mujer que trabaja de mesera, me contó que ha conseguido ropa, dinero, joyas. Está ahí, más que por el sueldo, por todo lo que puede conseguir de los enfermos.  

Se acercó a mí con cara amable. En un tono melodioso, me preguntó si estaba enferma, si me sentía mal y si podía hacer algo por mí. Verdaderamente, se me encendió el rostro cuando me di cuenta. Al principio, caí hechizada por la amabilidad, la voz servicial, pero cuando le dije que no estaba enferma y que estaba de vacaciones, es decir, cuando se dio cuenta que no era una posibilidad de estafa, me ignoró y se fue con otro comensal. La vi operar.

Les habló de Dios, de su poder. Luego, les dijo que ella ganaba muy poco y que sólo vivía de sus propinas. Ella trabajaba para mantener una fmailia numerosa y bla, bla, bla. Salamerías de amor a cambio de dinero. En un abrir y cerrar de ojos, entre el chantaje y la necesidad deencontrar una   puerta, el enferomo le dio un billete. La mujer ya había recibido cien dólares. 

Hay aves de rapiña que sólo ven sus intereses. Endulzan las intenciones y apantallan con reflejos de algo superior. Con gran maestría invocan el nombre de Dios para lograr sus objetivos y lo demas nonles interesa. Estoy segura de aue el chofer del camión en Berlin iba convencido de estar haciendo algo para agradar al cielo, lo mismo que los enfermos que reciben palabras de consuelo para que después les pidan algo más.

En lo grande y en lo pequeño, esa seducción busca apagar las neuronas y lo consiguen. Habría que gener cuidado y usar eso que Dios nos dio para pensar. Entrar en nosotros mismos y a partir de ese don maravilloso que nos fue dado, pensar inteligentemente, antes de dejarnos convencer y actuar a favor de otros intereses. 

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