Ana Guevara

Ana Guevara es una mujer que está hecha de un material especial. Es una persona fuerte y aguerrida que entiende de disciplina, de entrenamiento, de éxito que ha sabido representar a México en el terreno deportivo con gran honor. Siempre que pienso en ella, la recuerdo con el uniforme del equipo mexicano, corriendo, o recibiendo la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Atenas, casi nunca la evoco como política. Más bien, recuerdo a un bólido que logró correr trescientos metros planos en poco más treinta y cinco segundos, rompiendo un record mundial que no ha sido superado. Sin duda, nuestra mejor velocista. Es decir, ella es una mujer poderosa. 

Por eso, verla con un ojo apagado, con la cara hinchada, con los labios ensangrentados y la piel morada me deja perpleja. Primero pensé que había tenido un accidente en carretera y creí que algo le había pasado por andar en moto. Le eché la culpa a la velocidad, a los peligros del camino, a lo inherente de correr en una autopista. Y, no. Me entero que un grupo de salvajes abusivos la golpearon. La patearon a mansalva cuando estaba tirada en el suelo, le pegaron en la cara hasta estrellarle el pómulo y no la mataron porque Dios no quiso y porque es un cuerpo ejercitado capaz de aguantar un embate de golpes sin perder la vida. 

Digo que Ana Guevara es una mujer fuerte y mostró su gran fortaleza al ponerse a cuadro y salir a contar lo que le sucedió un día después de ser operada. Hace falta ser de otro material para juntar los pedazos rotos, para apartar el miedo, para aprovechar la rabia como impulso y contar lo que le sucedió. El relato revuelve el estómago. Da rabia. Saca lágrimas.

Por suerte, Ana Guevara pudo salir a contar esta terrible historia. Por suerte, es una Senadora de la República y para mala fortuna de los malditos que la agredieron, se hará acopio de todos los elementos de inteligencia para localizarlos y, por lo pronto, ya se tiene identificados a dos de los cuatro agresores. Ahora, serán ellos los que tengan miedo y se orinen y rechinen los dientes. Les va a caer el peso de la justicia que ahora sí será expedita.

Para nuestra desgracia, violencia sigue creciendo. Un agresor no se detiene frente a lo indefenso, lo mismo arremete contra un niño, contra un anciano, contra un débil, contra una mujer. La cobardía gana fuerza cuando todos van en bola. Ana Guevara dijo que si la hubieran golpeado de uno por uno al menos hubiera metido las manos y se hubiera protegido la cara, pero un pusilánime se da valor para ser maldito frente a quien siente que le falta protección. Si va en bola, se siente apadrinado y se atreve a vencer su propia pequeñez dañando. No reconocieron a su víctima, se ensañaron y ahora el tamaño de semejante figura los va a aplastar.

Porque Ana Guevara no es débil en ningún sentido, tiene fuerza propia y tiene poder que va a ejercer.Además cuenta con el respaldo que le da la simpatía que goza y la que le otorga el aparato legislativo. ¿Pero y las que no lo tienen, las que nadie ve, las esposas violadas, los niños abusados, los viejos golpeados, los despojados, los que en serio no tiene ni fuerza ni poder? ¿Ellos qué? Para ellos la justicia no es expedita, sencillamente no es. Los agresores siguen en el abuso, felices sin ser molestados, pero a estos malditos, les va a tocar pagar.  Espero que se lo piensen dos veces antes de volver a levantar la mano contra un débil, porque al final, uno nunca sabe y no hay enemigo pequeño. Miren a Ana y verán de lo que estoy hablando. 

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