Exámenes profesionales

Cada que llegan los cierres de semestre, empieza la temporada de exámenes profesionales. Estar del otro lado de la mesa, fungiendo como sinodal, me recuerda el día de mi propio examen. Se reviven los mismos nervios, la alegría, el desazón, el encanto, la incertidumbre y en síntesis, la ilusión. Me emociono como aquel día y se me pone la piel chinita ante la toma de protesta y recuerdo mis propios compromisos. También, aprovecho para dar gracias desde el corazón a las instituciones que me formaron, a mis padres que hicieron el camino posible, a mis maestros y a mis amigos que acompañaron este proceso.

Ahora que estoy del otro lado, he tenido la suerte de dirigir muy buenos trabajos, casi siempre me tocan los mejores. La creatividad de mis alumnos me deja patidifusa. Presentan ideas en formas novedosas, lo hacen valientemente y aunque reconozco esa modulación que contiene tantos sentimientos encontrados, logran dominar la escena y postular con dignidad sus proyectos. Los veo, a ellos que llegaron con cara de novedad a iniciar una vida universitaria, con esa curiosidad que da entrar a un mundo de posibilidades; los veo transformarse, crecer y madurar. Los veo florecer como esos profesionistas que ya estan tomando las riendas de su vida y, en cierta forma, de las nuestras pues empiezan a ocupar puestos de responsabilidad. Veo a padres que llenos de orgullo acompañan a sus hijos. Veo a amigos, novios, tíos, primos que entran con los mismos nervios que los postulantes y salen sonrientes.

Misión cumplida.

Además de felicitarlos, les abrazo y les digo eso: Misión cumplida. Es momento de beber del caliz de la victoria, de saltar de gozo, de hacerse cargo que llegaron a la meta. Es tiempo de elevar la mirada al cielo y estallar de agradecimiento y júbilo pues se recorrió el camino y llegaron al destino. La vida corre en forma vertiginosa y se nos puede olvidar disfrutar el momento del triunfo. No es poca cosa titularse, obtener un grado universitario. En México, sólo el tres por ciento de la población se titula. 

La generosidad de la vida me da la oportunidad de acompañar a tantos chicos valiosos que se sobreponen a las adversidades que les presenta la vida, que hacen caso omiso de la flojera y se levantan temprano para ir a la escuela, que presentan exámenes a pesar de la gripa o del dolor de estómago, que leyeron y leyeron, que estudiaron, que prepararon cada día, que hicieron sus tareas, que investigaron y cumplieron con sus trabajos, en fin que estuvieron a la altura del reto. Me sorprende lo fácil que es sembrar en sus mentes y los hermosos frutos que germinan. 

Cada fin de semestre, me siento orgullosa por eso miro al cielo y doy gracias a Dios por este privilegio.

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