La vida inmoral de la pareja ideal (película)

No sé si fue el cartel de la película lo que atrajo mi atención o que en el reparto apareciera Cecilia Suárez o ambas cosas, pero decidimos ir al cine a ver el nuevo proyecto del director cinematográfico Manolo Caro. No nos equivocamos, la elección nos trajo un film divertido y una anécdota bien narrada. La estrategia de tejer dos historias como si se tratara de un lazo retorcido, es un acierto. En un juego de analepsis, se intercalan acciones que se desarrollan en forma lineal y paralela para contar la historia  de amor de Lucio y Martina.

Los protagonistas se reencuentran —aunque no queda claro porque— en San Miguel de Allende, después de casi treinta años sin verse. Cada uno le cuenta al otro una mentira para ocultar la verdad: los dos siguen enamorados, tal como lo estuvieron en sus años de preparatoria y no se atreven a confesarlo. Optan por construir una mentira y ahí corre la primera línea narrativa. La segunda es la historia de amor de un par de adolescentes, su circunstancia, sus amigos, el entorno escolar. El desarrollo de la película se dedica a dejar claro cómo se enemoraron y por qué se separaron. También se encarga de hacernos entender las razones que ambos tuvieron para continuar queriéndose a pesar del tiempo. Las líneas convergen cuando la mentira se deconstruye y la verdad queda clara.

Las locaciones hacen lucir San Miguel de Allende y tienen guiños para las personas que conocen bien el lugar. El teatro, las calles, la iglesia, el centro del pueblo tienden un lazo narrativo que ayuda a la anécdota. Los personajes secundarios están bien delineados, son redondos y están colocados en tiempo y formas adecuadas. La actuación de una Paz Vega embarazada es para desternillarse de risa. La pequeña hija de Andrea Legarreta y Alex Rubin actúa dignamente y cada uno de los papeles que acompañan a los protagonistas lucen espléndidamente 

Cecilia Suarez, extremadamente delgada, actúa en forma magnífica, lo mismo que Manuel García Rulfo, Mariana Treviño, Sebastián Aguirre Boeda, Ximena Romo, Juan Pablo Medina, Andrés Almeida, Natasha Dupeyrón, Eréndira Ibarra, Javier Jattin y, en una participación especial, a la española Paz Vega. Las actuaciones femeninas superan, por mucho a las masculinas. Ellas llevan el peso narrativo de la hiatoria en mejor forma. 

La película funciona, es atrevida, tiene escenas fuertes y plantea una historia de amor que se aleja de los tintes rosas. La estrategia de las historias que construyen una mentira para luego destruirla, funciona muy bien. La música es un elemento cuidado para dar contexto. Las canciones fueron adecuadamente elegidas, la primera escena empieza con una canción de Soda Stereo para darnos contexto y situarnos en el tiempo. El vestuario fue cuidado hasta el detalle de conseguir esas medias con brillos dorados que se usaban en los ochentas. Los peinados de melenas alborotadas y el spray también fueron parte del conjunto narrativo.

La película marcha y la anécdota de ambas historias tiene un desenlace a la vez sorprendente y esperado, lo cual da prueba de que el proyecto funciona. Al salir del cine, todos concordamos que algunas escenas sobraron pero que la elección, sea por el cartel o por Cecilia Suárez, fue buena.

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