Oumoh

Oumoh es una pequeña de cuatro años con una historia que es preciso contar. Huyó de Costa de Marfil junto con su madre para evitar la mutilación genital que se les practica a las niñas como rito de iniciación en algunos países de África. En el camino, extravió a su madre. Llegó a Italia el cinco de noviembre a la isla de Lampedusa después de ser rescatada por la guardia italiana. La balsa en la que venía naufragó. La chiquita sólo era identificada por su nombre, se ignoraba todo de ella pues permaneció en silencio después de su rescate. El impacto sufrido le quitó la posibilidad de hablar.

Oumoh es una de las 20,000 pequeñas que han caminado solas y han llegado a Italia huyendo del hambre, la marginación, el miedo. No extraña que la niña no quisiera hacer esfuerzos por comunicarse en ninguna forma con nadie. Sin embargo,la fortuna la favoreció. En el albergue al que llegó, encontró a su ángel de la guarda: Marinela Cefala, jefa de la oficina de recepción de inmigrantes. La carita de la niña la conmovió, se le grabó en la retina. 

Lo que algunos llaman coincidencia y otros preferimos decirle milagro, sucedió. Marinela Cefala, en otro refugio, le prestó su teléfono celular a otra niña de Costa de Marfil para que jugara. La pequeña encontró una fotografía de Oumoh y la reconoció. También pudo identificar a la madre perdida, una mujer de 31 años. Las niñas se conocieron en uno de los refugios de espera que están en Tunez y por eso detonó un proceso virtuoso. Se localizó a uno de los tíos de Oumoh en Francia, quien a su vez localizó a la mamá perdida. 

La mujer al enterarse de que su hija estaba viva, sana y salva estalló en lágrimas de felicidad y la pequeña Oumoh al escuchar la voz de su mamá, empezó a hablar. Marinela describe la reacción de la niña: mirada de sorpresa, casi azorada de la pequeña que se llevó la mano al corazón, sonrió tímidamente y empezó a asentir. Luego saltó y saltó por toda la habitación. Se están llevando a cabo las pruebas de ADN para confirmar científicamente lo que el corazón anhela, que madre e hija vuelvan a estar juntas. 

La historia de Oumoh es un ejemplo de éxito que nos deja el corazón hecho nudo y con un bulto pesado en la garganta. La fortaleza de una niña que peregrinó y llegó sola a Lampeduza hoy está en el umbral de tener un final feliz. ¿Será así? ¿Se le permitirá una vida de igualdad, respeto, identidad propia, manos amigas, educación, alimento, techo, protección? En fin, ¿gozará de los derechos humanos que se le otorgan a los niños? Espero que así sea, que la discriminación, las mutilaciones, el hambre y el miedo hayan terminado para esta criatura tan valiente. Se lo merece.

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