Ante la adversidad, dignidad

Sin duda, México vive tiempos adversos. La elección que Estados Unidos hizo para llevar a Trump a la presidencia es sólo la gota que desbordó el vaso. Ojalá fuera el único problema. Acá traemos un cochinero que nos basta y nos sobra para andar mortificados. Luego, las bravatas de un vecino tan próximo y tan agresivo aumentan la angustia. Sin embargo, tener maleducado del otro lado de la barda, que se ríe con la boca abierta, eructa con placer y nos desprecia, parece menos  cuando traemos hijos desaparecidos, hoyos en la cañería, corrupción desbordante, hambre, vicios, coraje y encono. Nos resulta molesto pero podríamos ignorarlo un ratito mientras limpiamos la casa. Por si fuera poco, nuestro Presidente no goza de buena popularidad.

Cuando la tormenta arrecia es tiempo de sacar la casta y hacer acopio de espíritu. No podemos caer en lo mismo que estamos criticando. La frivolidad de nuestra clase política hace que un gorila racista parezca cosa de niños. Ranchos que a cualquier millonario en Mónaco dejaría verde de envidia, yates, autos, aviones, vidas de dispendio que no se explica con el nivel de ingresos de gobernadores, presidentes municipales, líderes sindicales y demás sujetos.  Criminales que son recibidos como estrellas de cine en programas de televisión, de radio. Procuradores que hacen de la mentira, verdad histórica, autoridades que creen que por decreto se resuelven los problemas, legisladores que faltan un día sí y el otro igual y cobran sueldos que no devengan. Zánganos que sin dar buenos resultados, se columpian de una jefatura de gobierno, al sendado, a la cámara de diputados, a la asamblea de representantes, al constituyente y siguen haciendo lo mismo: nada. No se presentan a trabajar.

 La sociedad tampoco canta mal las rachceras. La frivilidad se vuelve moneda de cambio: locutores y presentadores que reciben a estos delincuentes como a celebridades, que se agachan ante el rating, que sirven de mandaderos de intereses oscuros, camaras industriales que no protegen a sus afiliados, sociedades que no apoyan a sus emprendedores, babisas que se enamoran de un narcotráficante creyendo la historia de Chucho el Roto, intelectuales maltratados, desperdicio de recursos y todos con la mirada obnubilada sin poner atención mientras el suelo sirve de tumba nacional para los nuestros. Basta rascar en cualquier pedazo de tierra para encontrar osamentas. Los huesos de un profesor universitario encontraron sepultura en su propio jardín y la violencia cada día crece y se acerca. El panorama luce negro.

De nada sirve tratar de tapar el boquete con un corcho. Ni un tapón de alberca nos sirve. Minimizar la problemática es absurdo. Nadie le cree al susecretario de Relaciones Exteriores, Carlos Alberto de Icaza, cuando sale a dar declaraciones con una sonrisa que le llena la cara, a decir que todo está bajo control, o el tipo es tonto o nos cree tontos. Margarita Zavala y Roberto Anaya parecen padres complacientes que le hablan a sus adolescentes para quitarles el miedo diciendo puras babosadas, no se asusten mis chiquitos, el monstruo no está grande. ¿No? Está enorme y el que tenemos debajo de la cama está más grande. ¿Será que no se dan cuenta? López Obrador da una declaración que sólo él entiende. Se le hace moño la lengua y nada más no termina por decir nada, será porque no tiene nada que decir. Nuestros políticos son tan mañosos que una rayita más y se mueren. 

Lo cierto es que el panorama luce sombrio, evadirse nos llevará a prepararnos mal. Ante la adversidad, lo mejor es enfrentar los problemas con dignidad. Lo más inteligente es no agitar el avispero. Speedy González jamás le ha tenido miedo al Gatito Tonto y siempre lo ha dejado viendo estrellitas. ¿Si así nos ven allá, si los mexicanos somos astutos y no nos dejamos asustar, por qué no aprovechar esa imagen? El propio Trump reconoce que hemos sido más listos que ellos, ¿entonces?

Entonces, debemos hacer acopio de inteligencia y poner en práctica nuestra dignidad. No se trata de jalarle los bigotes al gato, es más bien llevarlo a hacer eso que nosotros queremos. Pero tenemos que dejar de ser frívolos. Hay que limpiar nuestro cochinero y aprender a trabajar con un bravucón. No será la primera vez.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Fabio Descalzi
    Nov 12, 2016 @ 07:42:01

    Me pareció ver un lindo gatito, con una peluca naranja de tontito… 😉

    Responder

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