Modelos de disimulo

Parece que una de las competencias que el homo sapiens del siglo XXI ha desarrollado con mayor eficiencia es la capacidad para disimular. Hacerse de la vista gorda es el deporte mundial por excelencia. Elevar los hombros y torcer la boca nos resulta más natural que arremangarnos y meter las manos para resolver. Desde luego, las consecuencias están a la vista. Nada nos conmueve. Podemos ver la foto de un bebé sin vida en la playa y dejar que se nos salgan algunas lágrimas o alarmarnos frente a un pequeño lleno del polvo que causó una explosión en Aleppo o conmovernos ante una serie de viajeros que van sobre el techo de un tren recorriendo kilómetros y kilómetros, pero lo más común es que miremos de soslayo o de plano demos la esplada. Total, ¿qué podemos hacer?

En esta manía de disimulo, llegamos a forjar modelos de vida en los que nadie asume la responsabilidad de nada. Incluso, aquellos que perpetraron maldades, se sienten ajenos a las consecuencias de sus hechos. Los líderes mundiales sacan las manos y no se hacen cargo de lo que están haciendo. Barack Obama llora frente a las cámaras por las desgracias en Siria, como si sus decisiones nada tuvieran que ver, Hillary Clinton se escandaliza por el sufrimiento de los niños y le avienta la culpa a ISIS como si sus intervenciones no hubieran ayudado a la creación del estado islámico, Osorio crítica a los que hacen daño a la Nación como si en Gobernación no se hubieran hecho negociaciones debajo de la mesa, Peña llora por los niveles de impopularidad que tiene, como si él y su familia fueran la imagen perfecta de la gracia y en el pináculo encontramos a Trump haciéndose el que ama a los difrentes, cuando ha abierto las entradas al infierno racista.

Lo vemos y no lo creemos. En el extremo del absurdo,observamos, rapídito para no engancharnos, y volvemos la, mirada a otro lado. Pareciera que el,disimulo se convirtió en nuestra zona de confort, en nuestro espacio de seguridad y no nos damos cuenta que estamos abriendo lo puerta y alimentando al monstruo. La criatura de mil cabezas crece y crece sin que hagamos el menor esfuerzo por degollarlo. ¿Y yo por qué? Es la frase más repetida por lo bajo.

La respuesta es sencilla, si no lo descabezamos nos va a comer. Oímos de chicos que desaparecen y en vez de temblar de miedo y advertir el peligro, disimulamos. Es como cuando vemos una caja en medio de la sala y en vez de ponerla en su lugar, le damos la vuelta o pasamos por encima de ella. El disimulo se vuelve un modelo que se repite ad infinitum. Resulta muy fácil disimular. Es tan sencillo como introducirnos a una pantalla y escondernos ahí hasta que pase la tormenta. La tormenta no va a pasar. Cuando despertemos ahí seguirá el dinosaurio. 

En lo particular, se puede empezar el cambio. 

Recuerdo la historia de una viejita en Tours que vivía sola en un departamento. Un día los vecinos percibieron un olor a podredumbre, padecieron una plaga de gatos que luego abandonaron el edificio. Quince años después, encontraron el cadáver de la mujer. Abrieron la puerta de ese departamento porque iban a derrumbar esa construcción. Entonces, los habitantes recordaron a la viejecita, a los gatos y entendieron. Nadie se enteró de la muerte de la mujer, la convivencia vecinal era nula. La historia de una escritora chicana que quedó viuda al morir su marido en un accidente es desgarradora. La mujer enterró sola a su esposo, nadie la acompañó. Pero recibió miles de condolencias por Facebook, Twitter, miles de tarjetas por Instagram y Pinterest, pero ni una sola llamada. Nadie se aproximó a darle un abrazo de consuelo.

Disimulamos para no pertenecer, para no hacernos cargo. Hemos desarrollado un disgusto por la cercanía. Nos acomoda más estar lejos de lo próximo y nos encanta acercarnos, sí, pero mediante algún dispositivo. Felicitamos a desconocidos, aceptamos amistades que jamás hemos visto, nos olvidamos de llamar a nuestros padres y ya no tomamos café con los amigos. Conestamos lo que no nos preguntan y nos hacemos los locos. Los modelos de disimulo están tan diseminados como ese cáncer silencioso que nos puede matar. No obstante, si lo paramos  a tiempo, puede tener remedio.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. anacentellasg
    Nov 04, 2016 @ 16:55:31

    Así es, desgraciadamente

    Responder

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