La riqueza de Ricardo Anaya

De todas las cosas que se le pueden críticar a Ricardo Anaya, su situación económica no es una de ellas. Ser rico no es un defecto, al revés, esa aspiración se alberga en muchos corazones. Si sus hijos viven en el extranjero, si tiene que pagar colegiaturas en dólares, si viaja mucho, si Atlanta no es bastión de calidad académica, si vuela en primera o en clase turista, esos son sus problemas, son sus elecciones y pertenecen al ámbito de toma de decisiones personales. No nos interesa porque no hay evidencia de que el dinero con el que paga esos lujos es suyo y aparentemente, es legítimamente suyo. 

En realidad, me parece más creíble una persona que exhibe en sus declaraciones patrimoniales el estado real de su situación económica que una simulación en la que el declarante no tiene nada y sus familiares viven en la opulencia. Eso me hace sospechar. Me enoja que me quieran ver la cara de tonta, prefiero que me digan la verdad y no encuentro nada criticable en el hecho de que Anaya ingrese trescientos mil pesos al mes por cuestión de rentas. ¡Bravo! Más que causarme enojo, me dan ganas de felicitarlo por ser un buen emprendedor. 

Me parecen absurdas las críticas que se hacen sobre si es escándaloso que un aspirante a la Presidencia tenga bienes, prefiero que sea rico ahora y no que se haga millonario en funciones. Miren los que llegan con cara de frailes franciscanos como salen sonriendo como Rico McPato. Al rato les descubrimos la vocación latifundista y los vemos encendiendo puros con billetes verdes. En una estridencia absoluta, algunos opinadores elevan el dedo y dicen que alguien tan rico como el,Presidente del PAN no puede representar a un pobre ya que no entiende su punto de vista. ¡Patrañas!  Parecen plañideras envidiosas que abren la boca sin pensar. Si eso fuera cierto, un hombre no podría representar a una mujer, un heterosexual no podría hacerlo con un gay, ni un tzeltal a un tsotsil. La riqueza de Anaya, la forma en que vive, en que gasta son parte del libre albedrío que da la intimidad.Cada quien tiene derecho ha hacer lo que le venga en gana de la puerta de su casa para adentro, siempre y cunado no perturbe a los demás. 

Hasta donde se ve, él y su mujer —que también trabaja y participa de la renta familiar— no hacen uso de biens ajenos para vivir como les place. Pagan sus cuentas con lo suyo, así que ahí no hay nada que opinar, déje lo en paz no sean envidiosos. Claro, eso no quiere decir que Anaya no sea criticable o que sea capaz de representar a todos los mexicanos. No es por rico, sino por lo demás que podría no resultar apto.

Me parece que tanta exposición en los medios le esta desgastando la sonrisa perfecta y le está ensuciando la mirada tan limpia. La imagen inmaculada de un muchachito que nos dice que sí se puede, pero no dice cómo, es fastidiosa y poco verosímil. La falta de acción contra Guillermo Padrés son iniciativas que sí son ámbito del dominio público y lo ponen de cuerpo entero frente al país. No hay necesidad de caer tan bajo como para recorrer las ventanas y espiar lo que pasa en la sala de su casa. El señor se expone suficientemente y da material para recibir jitomatazos de verdad,  no de salva.

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