Incongruencia

El mundo está atestiguando una baja en la aceleración del crecimiento económico, en muchas regiones la desaceleración se transfroma en decrecimiento. No sólo estamos parados, nos estamos haciendo chiquitos. Nunca como ahora, el anhelo de que la siguiente generación tenga un mejor futuro que sus antecesores parece una fantasía. Los padres estamos enfrentando una cruda realidad: es posible que el porvenir de nuesteos hijos sea más duro que el nuestro. No es pesimismo puro, es verdad que se basa en datos duros. El desempleo no se abate con educación, los egresados de escuelas de nivel superior, al terminar sus estudios salen al mercado y encuentran ofertas poco alentadoras. La mayoría de los trabajos que se ofrecen, suenan más a subempleos que a otra cosa. Hay un desperdicio de las potencialidades y una subutilización de la capacidad técnica de la gente.

No se trata de despreciar ninguna forma de ganarse la vida, pero ver a un médico manejando un taxi, a un abogado sirviendo mesas, a un contador lavando toallas, en vez de estar operando, trabajando en tribunales o dando asesorías, duele. La digitalización de procesos ha hecho que las máquinas sean más eficientes, precisas y fáciles de operar que un empleado de carne y hueso.  Buscar trabajo es cada vez más complicado y encontrar un empleo adecuado es tan dificil que muchos terminan aceptando algo para lo que estan sobrecalificados. La frustración es la emoción regente de estos tiempos. El que quiere y puede trabajar, no encuentra dónde hacerlo.

En esta condición, el emprendimiento es una alternativa. Aterrizar ideas, generar proyectos que creen riqueza y fuentes de empleo es un camino de solución que debería ser apoyado por las autoridades. El emprendedor debería contar con el sostén del Estado y con el acompañamiento de quienes le representan. El fomento de la actividad emprendedora debiera ser una prioridad y no lo es. Al menos, no en la realidad.

El discurso oficial se llena de palabras de apoyo, cualquiera cree en la  buena voluntad y las intenciones, pero en el mar de incongruencias, el empresario nada contra corriente. Además del riesgo propio que enfrenta el que inicia un negocio, está la tramitología, la corrupción y las leyes y reglamentos que lejos de fomentar, inhiben el espíritu emprendedor. En la Ciudad de México se frena el crecimiento de los proyectos. 

Te dicen que emprendas, pero en tu casa no. O,  o tanto. Puedes usar el 20% para trabajar y si hay una denuncia ciudadana, adiós proyecto. Un vecino envidioso está facultado para enviar una inspección que, no sólo irrumpe en la intimidad del hogar, sino que puede transformar un sueño en pesadilla. Una visita de los inspectores puede acabar en una clausura si por alguna razón el negocio creció más de lo que a ellos les parece pertinente. Entonces, hay que crecer, pero poquito. Hay que tener éxito, pero no tanto.

¿Cómo vamos a apoyar al emprendedor, si no le damos oportunidad de crecer? El propósito de todo proyecto es generar utilidades y lograr el máximo desarrollo posible. Pero, si al despegar, el que debiera apoyar es el que te pone el freno, quedamos en un terreno absurdo. Así es la incongruencia.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

a href=’http://cloud.feedly.com/#subscriptionfeedhttpwww.ceciliaduran.wordpress.com’ target=’blanco blank’>

Archivos

A %d blogueros les gusta esto: