De espejismos y debates

La señora Clinton salió a escena con un impecable traje blanco. El señor Trump vistió de azul marino. Ella sonriente, el un poco serio, ambos le recetaron a sus votantes más de lo mismo y el mundo pudo atisbar aquello en lo que se ha convertido la sociedad estadounidense. Sin grandes novedades, el debate de las Vegas encendió en varios expertos extranjeros una ilusión absurda. ¿Por quién votarías tú?, se preguntaban en los programas postdebate los analistas con caras de sabelotodos. Unos respondían con palabras complicadas y lenguajes afectados sus razones de preferencia por uno y otro candidato, como si sus preferencias fueran de interés y sobretodo, como si ellos fueran electores reales. Aunque los opinadores no eran estadounidenses, ya soñaban con el apoyo que le darían a la candidata demócrata si tuvieran la posibilidad de sufragar. Los efectos de Trump son inéditos.

Tan emocionados lucían, que hasta se les trababa la lengua y se les hacía agua la boca. Se les notaba el encandilamiento que les obnubilaba la vista y en un efecto sumamente sospechoso vitoreaban a Hillary y abucheaban a Trump con gran felicidad.  Nada nuevo bajo el sol, sin embargo, algo me despertó un recelo curioso. Imaginé que todos estabamos asistiendo a una puesta en escena en la que ya todo estaba acordado y cada quien representaba su papel con exactitud. Del nasty woman,  a la declaración de que el candidato republicano reconocerá la legitimidad de las elecciones, sólo si él gana, no hay nada novedoso. Lo que sí llama la atención es como la señora Clinton sale impoluta ante acusaciones reales y graves.

En la estridencia del señor Trump, nadie escucha —ni pide explicaciones plausibles— sobre la Fundación Clinton. Como entre un espejismo, la candidata demócrata sonrié y nada de muertito. Guarda silencio y aguarda con paciencia la oportunidad de que su adversario se tropiece con la lengua y, claro, no tiene que esperar mucho. Donlad sale con su ganzada y ella suspira aliviada. Nadie se detiene a pensar ¿qué explicación se debe dar sobre los donativos que un expresidente va recolectando y las cantidades que recibe una candidata por ir a dar conferencias ? 

Me pregunto si la señora Clinton al lado de otro candidato presidencial, luciría tan efectiva. Es frente a un impresentable como Trump que ella se agiganta. Sin embargo, una mujer que guardó secretos de estado en una cuenta de correo personal, un personaje al que el FBI no toca mientras hay militares que estan enfrentando procesos por esots temas, una historia de complejas complicidades, en las que ella fue protagonista de lo que hoy crítica, no resulta tan maravillosa. Pero,  muchos le compran sus espejismos y se encandilan. Eso, convoca mi sospecha.

Es verdad, de las dos opciones, Hillary Clinton es la menos mala. Frente a Trump hasta Incitatus, el caballo de Calígula, emperador romano sería mejor. Eso no significa que ella sea buena. Significa que, como alternativa, es lo que mejor vale. Aunque, honestamente, no hay mucho para emocionar. Los demás habitantes del mundo estamos invitados a atisbar lo que va sucediendo ahí adentro y contemplar en lo que se convirtió la sociedad estadounidense. De lejitos, no nos tenemos que confundir.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. roberto linares
    Oct 23, 2016 @ 11:40:59

    EL COMENTARIO DE CECLIA ME PARECE ATINADO. TODO PARCE ESTAR ARREGLADO PARA MAYOR LUCIMIENTO DE LA CANDIDATA.

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