El vestido rojo de Hillary

Ayer, se llevó a cabo el primer debate entre Hillary Clinton y Donald Trump. Ambos subieron al estrado como buenos competidores, se dieron la mano en forma civilizada y desde su trinchera cada quien, independientemente de los golpes mediáticos y discursivos, lució lo que en realidad es. Si el debate no hubiera sido en Estados Unidos, Clinton debería estar muy tranquila pues fue muy superior a su adversario.

Hillary llegó brillante, con un hermoso traje rojo, que la hizo lucir bonita, por primera vez en su vida de imagen pública. Se le veía feliz, sonriente y en control. Hablaba fluídamente de cifras, datos, información. Entanto Trump se exhibía como un ganso que camina con torpeza en territorios que no le son conocidos. Donald se veía cansado, trastabillante y confundido pero, al ser un hombre de medios, supo sacar raja a su favor. 

Si Hillary atacaba, él usaba sus palabras para mostrar concordancia y a partir de ello la atacaba. Fue cínico, seductor a su manera, moderado en su estridencia pero no dejó de ser Trump. Eso debería jugar a favor de la candidata democrata pues los hechos y las cifras están de su lado, por lo que si el debate no hubiera sido en Estados Unidos, ella estaría sintiéndose más cerca de la Casa Blanca.

Un acierto que mostró el debate fue tener una pantalla en la que los candidatos siempre estuvieron a cuadro. Los que quisimos, pudimos ver las caras de ambos en todo momento: sus gestos, sus manoteos, sus sonrisas y todo lo que nos dijeron sin palabras y expresaron con el cuerpo. Ella con el reflejo del vestido rojo  y una sonrisa amplia lució radiante mientras él con un traje azul marino se veía cenizo y apagado.

Digo que si el debate hubiera sido en otro lada, la candidata debería sentirse muy segura, pero Estados Unidos es una sociedad de consumo. El impulso rige las decisiones de la mayoría de sus habitantes, el filtro del análisis se usa realmente poco y les gusta más la imagen, los gritos, las bravatas, no hay otra forma de explicar el fenómeno de un candidato republicano tan impresentable. Por eso, Hillary debe estar preocupada, porque Trump sigue siendo una estrella de medios y aunque eso no lo transforma en estadista, si puede generarle votos.

Ayer, Hillary lució mejor. Pero, ¿cuántos norteamericanos la habrán escuchado como debe de ser? Espero que si no atendieron sus palabras, sí se hayan dado cuenta de que la mujer del vestido rojo dio una mejor imagen que el hombre del traje azul.

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