El rechazo de Hillary

Como si el Presidente Peña no tuviera suficiente, hoy se desayuna con la noticia de que Hillary Clinton rechaza la invitación que le hicieron para venir a México. No vendrá antes de las elecciones. No sólo declaró que no acepta venir, también declaró que después del ” desafortunado incidente diplomático” ella se va a dedicar a otras cosas, como seguir adelante con su campaña. Parece lógico el motivo del desprecio,  se niega a recorrer los pasos de Trump a quien exhibe como una persona incapaz de  comunicarse en forma efectiva con un Jefe de Estado.

Por su parte, en forma discreta pero contundente Bill Clinton dijo haberse quedado estupefacto con el viaje de Trump a México. El expresidente estadounidense no está solo en el asombro, lo acompañamos los mexicanos y los ojos internacionales. Aún no se entiende a carta cabal las intenciones que germinaron en Los Pinos y dados los resultados, parece que ellos tampoco lo logran comprender. Se tiende un nubarrón oscuro que no da pie a una interpretación correcta de los objetivos de Trump y mucho menos los de Peña. Los dos quedaron con las manos manchadas, el candidato republicano se lució como un cobarde que de frente dice una cosa y de espaldas se desdice. El presidente Peña quedó como un hombre ingenuo que se metió a la boca del lobo, por voluntad propia y salió con la camisa hecha girones.

Era evidente que Hillary Clinton rechazaría la invitación. Con claridad de ideas, la candidata demócrata a la,presidencia de Estados Unidos va a aprovechar la ventana de oportunidad que se le abre. Pondrá todo su esfuerzo en hacer evidente que Trump es un hombre poco honorable, incapaz de articular palabras sin que pueda serles fiel y lo tachará de incompetente. Todas las pruebas las sustentará con lo sucedido en la visita a México. Y, ¿adivienen quién será exhibido junto a Trump?

Sin decir nada, sin necesidad de pronunciar nombres, Hillary da cátedra. Sin duda, hará uso de su derecho de guardar silencio. No abrirá la boca para no llenarsela de moscas. Mientras, en Los Pinos, el Presidente tuitea que nadie lo aconsejó invitar a Trump, y se echa la culpa. ¿Cuándo entenderemos que el silencio es la prerrogativa de los sabios?

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