Madre Teresa de Calcuta, la revolución de la ternura 

Los católicos estamos de fiesta, tenemos una nueva santa: la Madre Teresa de Calcuta. Una mujer que a base de sencillez, trabajo y ternura fue repartiendo el bien entre los más necesitados. Nació en Albania en los años de opresión, se hizo monja de clausura y en los días dedicados a la contemplación oyó la voz de Dios que le dejó la tarea de atender a los más olvidados. Así lo hizo. Siguió el llamado e hizo de su vocación vida que da esperanza.

Lo hizo en forma tan extraordinaria que ganó el Premio Nobel de la Paz, ella con todos los méritos. Al recibirlo, alguien le dijo: Yo no haría lo que usted hace ni por un millón de dólares. Ella con una sonrisa contestó: Ni yo. Los que la conocieron dicen que fue una mujer muy inteligente que con pocas palabras causaba impacto. Una pareja estuvo con el ella cuando vino a México. Con respeto le dijeron Madre, es un honor conocer a una santa en vida. Los tomó de las manos y les preguntó: ¿y tú, por qué no? No es tan dificil. Alguna vez alguien le quiso lanzar una prueba: ¿Madre Teresa, cuál es la mejor religión del mundo? Ella respondió Aquella con la que puedas practicar la congruencia del amor.

Madre Teresa era una mujer pequeñita y con la edad, la espalda le jorobó la postura. Siempre vestida con la sencillez del hábito blanco con bandas azules. Siempre sonriendo. Hizo de la disciplina motor de vida. Era la primera en levantarse al oratorio a hablar con Dios. Sabía del poder que tiene la amistad con lo alto y era constante. Dijo haber venido al mundo a consolar a Cristo y así encontró paz.

La santa que hoy llega a los altares, ya había llegado a los corazones de propios y extraños. Dejó un decálogo que aquí transcribo:

1. Estar unidos a Cristo en sus sentimientos y pensamientos.

2. Estar centrados en Jesús para pedir y ofrecer perdón.

3. Hacer que nuestra vida esté dedicada a hacer feliz a Jesús y a consolar su dolor en los enfermos.

4. Una sonrisa siempre y hacer las cosas ordinarias con amor extraordinario.

5. Un contacto directo y cercano a las personas con amanilidad y sonrisas.

6. Aceptación, sin condición, hacia cualquier persona.

7. Hacer consciencia de que Dios es un padre rico en amor y misericordia.

8. Llevar siempre esperanza de hacer de la propia vida algo bello.

9. Estar unido a Dios y a los pobres.

10. Alimentarse diariamente de la oración y la eucaristía.

El decálogo de nuestra nueva Santa en la iglesia católica resulta de una sencillez tan alcanzable, pero requiere de congruencia, constancia y disciplina. No cabe duda que ella sí hizo de lo ordinario, algo extraordinario. En esa mujer delgadita cupo la grandeza. Y tal como lo dijo cuando vino a México, queda la pregunta ¿y tú por qué no? Ahí está la receta. No parece tan dificil.

Santa Madre Teresa de Calcuta, ruega por nosotros.

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