Juan Gabriel

Siempre que muere un famoso hay una serie de recuerdos que  encienden en la mente de las personas. Con Juan Gabriel son tantos  los que se iluminan porque cada que hubo una celebración en la que estuviera el mariachi se escuchaba alguna de sus canciones. No había festejo sin Amor eterno, ni risas sin el Noa Noa. Cumpleaños, serenatas, aniversarios, bodas y Juanga siempre presente. Infalible, inevitable.

Recuerdo que alguna vez lo entrevistó Paty Chapoy y Juan Gabriel le dijo que le gustaba aterrizar de noche en la Ciudad de México y ver las millones de luces prendidas como si fuera una enorme cobija que se extiende sobre el valle. Le fascinaba pensar que cada luz era una persona que se sabía sus canciones. Lo recuerdo, muerto de risa, diciendo que nadie se acordaría de lo que dijo esa noche el Presidente de la República pero todos recordarían sus discos. Tuvo razón. No recuerdo siquiera quién sería, si Miguel de la Madrid o Carlos Salinas, el presidente en turno y menos lo que nos estaban diciendo. En cambio, recuerdo perfecto que él estaba estrenando el disco de Querida.

De todas las estrellas que ha tenido México, Juan Gabriel era de las más accesibles. Recorrió todo tipo de escenarios: cantó en palenques y en Bellas Artes. Yo lo vi en el Auditorio Nacional y en la Plaza de Toros México. Era un hombre de espectáculo, sabía ponerse en contacto con el público, siempre que lo vi nos puso a bailar. Entre sus ritmos, nos organizaba una coreografía sencilla y nos movía a placer. Se le veía tan feliz en el escenario, dando vueltas y giros, payasenado para hacer reír y luego llorar. Siempre había una canción de Juanga que nos llegó al centro del corazón.

Supo escribirle al despecho, al desamor, al olvido, al recuerdo, a la aspiración, al sufrimiento. Casi dos mil canciones lo tuvieron en el top ten por cuarenta años. Supo jugar con los efectos que sus notas provocan, si las mezclas con el traje de mariachi y un tequila. Cuántas declaraciones de amor se acompañaron con una de sus canciones y cuántas más de desamor. Cuántos cariños de ayer y hoy podemos recordar al pensar en El Divo de Juárez. La de cosas que nos sacan sonrisas al evocar a Juan Gabriel.

Como cada uno de los grandes de este país, le escribió a Acapulco. Juan Gabriel tuvo un romance tórrido y apasionado con el  maravilloso   puerto. Le gustaba estar ahí, pero se fue. Murió en Santa Mónica, ¿por qué se nos mueren nuestros grandes por allá? Ya no vayan,quédense mejor acá. 

Nos quedamos solos, los mexicanos que ya no tendremos a Juan Gabriel. Sé que, como siempre pasa al morir una estrella, habrá críticas y le pondrán  trapitos al sol o habrá quienes nos cuenten con lágrimas de cocodrilo lo mucho que lo extrañarán y lo tanto que lo querían. Me temo que a este hombre no se le va a echar de menos, el mariachi se encargará de que no se nos ocurra olvidarlo. Es posible que su figura se desdibuje, que la leyenda vaya a sobreponer a la verdad, que se cuenten miles de anécdotas que no sean ciertas, pero su obra hablará por él. Seguirá siendo imperdible en las fiestas, asistente en cada festejo imprescindible en reuniones y cada una de las luces que se ven desde el avión en tantas ciudades de México sabremos quien fue Juan Gabriel. Le guardaremos un Amor eterno e inolvidable. 


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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. dmaria
    Oct 21, 2016 @ 12:30:44

    era el mejo comoel no ay otro

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