El homenaje a un desastre (Behold the man)

Si no fuera porque es estrictamente absurdo, rayaría en lo irreverente. Claro, de eso se trata el humor, de caminar equilibradamente entre los extremos que causan escándalo y matan de risa. Eso hizo Andrew Flack a quien se le ocurrió hacer una ópera de un despropósito de fama mundial. Es posible que a estas alturas, ya hayamos olvidado el suceso en el que una anciana, Cecilia Giménez, intentó restaurar un fresco del siglo XIX con la figura de Ecce Homo, en el Santuario de la Misericordia, en el pueblo de Borja, en la provincia de Zaragoza, en España, llegando a resultados tan terriblemente desastrosos que ganó fama internacional.  La mujer de más de ochenta años captó la atención mundial con la imagen deformada de un Cristo que dio vuelta al planeta en cuestión de horas. 

La verdad es que Cecilia Giménez le hizo un favor a Borja con la ocurrencia y cientos de turistas iban al templo a ver los resultados de la restauración. Hoy, el pueblo lo toma con tanto humor que estrenan una opera  musical en la que narran el acontecimiento con un tono de humor negro. Me gana la risa y me gustaría estar en esa plaza para ver la representación de una Cecilia que canta el sueño en el que Dios le pide que restaure esa pintura. El espectro de Elías García Martínez, el autor de la obra restaurada le canta a la anciana su tristeza por el deterioro de su creación y le hace la misma petición. Pero, ya lo sabemos, a la anciana no la dejan terminar la encomienda.

Imagino la tristeza de los personajes en escena mientras el público se mata a carcajadas. El péndulo va de la evidencia: la pintura está descuidada,  a la restauración; de la desolación de un pueblo en Zaragoza hundido en la crisis económica a la prosperidad  que trajo un evento tan curioso: la inocencia de una anciana que con buena intención eleva el pincel para remendar un mal y lo logra, pero no del modo en el que ella cree. Cecilia Giménez, esta protagonista heroica, salva a Borja dándole un flujo turístico inimaginado. Hoy, con esta sátira, la gente la recuerda y, en cierta forma la homenajea. Insisto, no sé si de la forma en la que ella lo esperaba, pero juegan con el hecho para hacer reír y traer gente al pueblo una vez más para rememorar semejante acontecimiento.

Cecilia es la reina del festejo, es el centro ya que sin ella ni pintura ni opera existirían. Derridá se sentiría tan a gusto en Borja, la deconstrucción como forma de expresión artística puesta en escena para gusto y sonrisa de tantos. Esa es la forma de celebrar, un desastre puede generar humor inteligente. Al final, si no nos gana la risa, nos gana la desesperación. Puestos a escoger, hay que privilegiar la carcajada. No hay duda, me gustaría estar allá para ver la puesta en escena de Behold the man. 


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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. bigbenantiguedades
    Ago 21, 2016 @ 22:14:59

    La restauración quedó como hecha por un nino de Kindergarten. Sin embargo, hasta algo tan horrible puede lograr un gran resultado: Giménez se hizo famosa, trajo turismo a su ciudad y sigue vigente, esta vez mediante la ópera. A no dudarlo Dios fue sabio al pedirle en suenos que restaure su retrato. Me encantó el Post. Patricia

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