Caos vial

Dice el dicho: Mal empieza la semana para el que ahorcan en lunes. En esta condición empezó la Ciudad de México esta semana: ahorcada. Marchas y manifestaciones bloquearon las principales arterias y vías de comunicaciónde la Ciudad de los Palacios. En las calles, en vez de que la movilidad reinara, había un caos vial que provocó que una gran parte de los ciudadanos estuvieran atrapados sin poder avanzar.  Algunos quedaron estancados a cielo abierto y otros encerrados en tuneles, bajopuentes, pasos a desnivel y muy pocos lograron llegar a sus destinos.

Mientras los manifestantes bloqueaban alegremente las calles de la capital del país, la vida se ponía en pausa para automovilistas, pasajeros de transporte público, ciclistas, usuarios del metro y gente que quería llegar a su destino. No hubo forma. Con retrasos, corajes,desesperación fue la forma  en la que se inició la semana en que muchos jóvenes regresaron a tomar clases a algunas universidades. Los empresarios temblaron ante la posibilidad de que los manifestantes les destruyeran sus negocios y, desde luego, ante las pérdidas que estas movilizaciones traen consigo. Así, con intención, se pone en riesgo la esperanza de un país.

Como si se tratara de un enjambre de langostas que avanza hambriento en el desierto para destruir lo que encuentra a su paso, como  una calamidad que sabes que te va a llegar y no puedes huir de ella, así se ve la vanguardia  del contingente que va caminando y te alcanzará por más que corras, peor, no hay para dónde hacerse y quedas ahí aprisionado sin que puedas llegar a hacer lo que te habías propuesto ese día. 

Pareciera que no nos es suficiente con los obstáculos propios del entorno, hay que generar más. ¿Para qué conformarnos con la depreciación del peso, la caída de los precios del petróleo, la inseguridad si también podemos tener lindas manifestaciones que los echen a perder el día?

Lo más bonito, en la capital de la República, la emoción más hermosa, la cereza en el pastel fue enterarnos que el Jefe de Gobierno fue el anfitrión y principal auspiciante de este caos vial. Como ni nos ve ni le importamos, pasa por encima de las prioridades de la ciudadana y recibe con los brazos abiertos en la plancha del Zócalo a sus distinguidos invitados. En un acto de absolutismo al estilo del Rey Sol, Mancera ensaya, ejercita su músculo y se imagina a sí mismo usando la corona presidencial. ¡Qué bonito!

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