Niños bajo asedio

La imagen de un grupo de niños en la penumbra de la noche alrededor de una mecha de alcohol es la imagen cotidiana de los campos de refugiados. No sonríen. Muchos están solos, no saben dónde quedaron padre, madre, hermanos, primos, amigos. Otros sí y quisieran no saberlo. Save the children, en su capítulo de España, publica un informe que pone la piel de gallina. Habla de los niños  que viven bajo el asedio. Pone la mirada en estas infancias fallidas. 

Aquí todos los días son iguales, lo único diferente es que no sabemos a qué hora va a caer una bomba, me pa­so el tiem­po es­con­di­do en ca­sa, con mie­do a que me al­can­cen. Nos he­mos adap­ta­do y acos­tum­bra­do [a vi­vir ba­jo un ase­dio], pe­ro las bom­bas nos asus­tan mu­chí­si­mo y no te pue­des acos­tum­brar a ellas.” – dice Anas, un ni­ño en Ghou­ta orien­tal.

Nos sorprende ver que los niños cada vez sean más agresivos y no nos detenemos a pensar que a una criatura que vive con miedo permanentemente le resulta dificil ser dulce. Muchos, en vez de jugar, observan. Tienen la mirada dura. Se han vuelto adultos pequeños. Muchos chicos han tenido más dolor en sus años que algunas personas que han llegado a la edad adulta. Sin duda, uno de esos pequeños ha padecido más que el promedio de cualquiera de nosotros.

La si­tua­ción ha he­cho más vio­len­to el com­por­ta­mien­to de los ni­ños. In­clu­so cuan­do jue­gan, jue­gan a la gue­rra, tan­ques, sol­da­dos, ejér­ci­tos. La cotidianidad ha afec­ta­do a su es­ta­do men­tal. Fa­rah, una ma­dre en Ghou­ta orien­tal, lamenta la circunstancia en que vivien. Cada día oyen el estallido de una bomba de barril. Los chicos corren a esconderse debajo de una cama, de una mesa. Ella no quiere una infancia asi para sus hijos, tan diferente a la suya.

Los niños del asedio son introvertidos, desconfiados, viven etapas adelantadas de la vida, se han vuelto padres y madres con responsabli­da­des de adul­tos y de cui­dar de sus fa­mi­lias. A me­nu­do son for­za­dos a tra­ba­jar en gran­jas o ta­lle­res me­cá­ni­cos o re­bus­can­do en las ca­lles cual­quier co­sa que se pue­da co­mer o ven­der. Mu­chos pa­san va­rias ho­ras al día jun­tan­do le­ña o plás­ti­co pa­ra que­mar y ca­len­tar­se. Y es­to vie­ne acom­pa­ña­do de ries­gos adi­cio­na­les, co­mo mues­tran al­gu­nos in­for­mes que ha­blan de ni­ños ab­du­ci­dos mien­tras re­co­gían le­ña.

Hablar de los niños del asedio no tiene una intención morbosa, de ninguna manera. Es, en todo caso, ponerlos en el radar de nuestra percepción. El que mira, atiende y así se abre la posibilidad de comprensión. De repente, nos prefuntamos qué lleva a un Ser Humano a alejarse de su condición de Humanidad. Ver a criaturas asediadas nos da luz sobre el tema. Es posible que desde lo particular creamos que no se puede hacer mucho. Sin embargo, tratar de entender es un gran avance. Tratar de tapar el sol con un dedo jamás ha sido posible. Es mejor mirar y de preferencia hacerlo con una intención de comprender, si no es posible ayudar.


Imagen, Save the children, España.

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