Mártires católicos

Podríamos pensar que se trata de personajes de otro tiempo que vivieron muchos años antes y que dieron su vida por la fe que profesaban. Al escuchar sobre mártires, evocamos a San Esteban, primer mártir que murió por defender la incipiente creencia en Jesús Resucitado. Tal vez, lleguemos a pensar en Cecilia, mártir de la época romana o en Lorenzo que murió en la parrilla. Es posible que el pensamiento nos acerque a la mítica Juana de Arco que murió en la hoguera pero pensar en que en las últimas horas alguien sacrifique su vida por una profesión de fe resulta dificiel de creer.

Sin embargo, en la nación de la laicidad, a unos metros de la ciudad de Rohen, en la provincia de Saint Etiene du Rouvray, en Normandia, Jacques Hamel, un sacerdote católico de ochenta y seis años, hombre servicial enérgico y vital fue degolllado mientras oficiaba misa. Dos hombres armados con cuchillos entraron a la iglesia, encerraron a los parroquianos, capturaron a un feligrés, a una monja y al padre que oficiaba. Degolló al padre y mató a una monja. Tomó dos rehenes y al salir a la calle, fueron abatidos por la policía.

Al enterarme de la noticia, el cuerpo se estremece. No hay momento más sagrado que el recogimiento de la oración. Quien interrumpe y produce muerte, comete un crimen abusivo, bárbaro e irracional. No hay explicación que valga, no hay teoría sociológica, de patología psicológica o de cualquier índole que pueda justificar a un par de gorilas que atacan a un hombre de ochenta y seis años mientras está presidiendo un acto sagrado.

Pareciera que la Humanidad ha echado para atrás las manecillas del reloj y que estamos en los albores de la era cristiana. No hay mucha diferencia entre lo sucedido en Francia y los martirios en Roma. Estamos dejándonos invadir por sentimientos salvajes, en la búsqueda de la razón, hemos olvidado lo escencial, elevar los ojos al cielo y pedir paz a Dios. No importa el credo, ni siquiera es relevante si se es ateo, lo que es inaplazable es la urgencia de parar la violencia que siempre es absurda.

Hoy la iglesia católica tiene nuevos mártires. Elevemos una oración por ellos.  

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