El francotirador de Dallas

La mente se hace moño cuando lee las noticias que vienen de Dallas. La manifestación que buscaba protestar por los avances presuntamente abusivos y racistas de los cuerpos policiacos en Estados Unidos era pacifica. O, eso decían. La gente marchaba para mostrar descontento por la muerte de un hombre de raza negra que fue acribillado por un policia cuando, obedecindo las ordenes del oficial, estaba sacando el permiso de portación de armas que le solicitaban. En ejercicio legitimo de sus derechos, los ciudadanos de Dallas caminaron por las calles para hacer patente su desacuerdo.

Las protestas y manifestaciones que se han ido sucediendo a lo largo del día en distintas ciudades de la Unión Americana forman parte de las marchas espontáneas tras la muerte de los afroamericanos Philando Castile, en Minnesota, y Alton Sterling, en Luisiana. Las consecuencias nos llevan a pensar en eventos como los que se generaron en Feguson, hace dos años, cuando Michael Brown, un muchacho de 18 años que iba desarmado, perdió la vida por los disparos de un policía blanco. Por eso, la gente salió a marchar a las calles.

Entre la multitud, un hombre daba pasos con un arma larga colgando de sus hombros. No hacía nada ilegal. La nueva ley, vigente en Texas, permite que los ciudadanos porten y luzcan las armas que llevan encima. No importa ni el calibre ni la potencia, están en su derecho de andar armados hasta los dientes y mostrarlo libremente. El tiroteo en la que ha derivado la concentración de Dallas hace temer nuevos disturbios. Y, este hombre,que caminaba alegremente entre los manifestantes con su rifle, ya está detenido, es uno de los dos francotiradores que subió a una azotea y desde lo alto le disparó a varios policias. Van cuatro muertos.
Los francotiradores dispararon únicamente contra policías. 

Hay tarea por hacer. El presidente Obama ha tratado de meter las manos para componer esta situación, pero el Congreso le ha sido adverso. En una actitud de nada pasará, los legisladores estadounidenses, en vez de endurecer la política de adquisición y portación de armas es cada vez más permisiva. Si a eso se le suma la rabia de ver que hay tratos racistas y discriminatorios, la combinación es letal. 

No escuchan a su Presidente, no lo dejan avanzar en terminos de complicar la venta y la portación de armas. Obama no puede hablar de la consistencia con la que los policias atacan a gente desarmada fincando sospechas por el color de la piel y luego, son restituidos en sus puestos y mantenidos en las calles para volver a hacer lo mismo sin ningún tipo de escarmiento. 

No hablo de pistolitas, hablo de armas largas, automáticas de grueso calibre. No hablo de arrugar la nariz, torcer la boca y mirar con desprecio a alguien, sino de agentes que matan sin justificación a personas que les parecen sospechosas por su condición racial. 

Entretanto, podemos ver imagenes del francotirador de Dallas que ya está identificado, caminado y sonriendo entre los manifestantes. No se le ve nervioso ni asustado. ¿Por que habría de estarlo? Hasta ese momento él iba haciendo lo que está permitido. Puede presumir su arma igual que enseña su camiseta tipo camuflage del ejercito. Lo malo es que cruzó esa línea que se han empeñado en adelgazar. Jaló el gatillo, él y su compañero, matando e hiriendo gente. 

No es la primera vez, ¿cuándo será la última?  

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