Recogiendo los pedazos de una fantasía

Ni hablar. No importa cuánta experiencia decimos tener, ni los años que hayamos estado en el frente de batalla, ni sabernos de memoria el dicho del plato a la boca se cae la sopa. Cuando traemos un proyecto entre manos y más cuando estamos a punto de firmar, ya lo damos por hecho. Pero uno pone, Dios dispone y llega el diablo y todo lo descompone.

Ni modo, así me pasó. A cinco minutos —es literal, no metáfora— de firmar frente a notario, con todoa los pelos de la burra en la mano y las garantías puestas en la mesa, la contraparte de echó para atrás y me dejó como al Tonto Coyote, volando en el desfiladero.  No sé que fue lo que me rompió más el corazón, si la sorpresa de ver como me quitaron algo que yo ya sentía mío, si la falta de seriedad del que estuvo del otro lado de la mesa, si la incapacidad del intermediario o todo junto.

Me llegó el porrazo a media cabeza sin tener oportunidad de meter las manos. Me quedé patidifusa, viendo estrellitas girar alrededor de la cabeza y a pleno rayo de sol me vi en medio de la calle con las manos vacías. Así, en esa condición, me puse a recoger los pedazos de fantasía que se quedaron regados. Sé que esas son las reglas del emprendimiento, sé que en los negocios no hay nada escrito hasta que se concretan las cosas y las tienes en la mano, se que la incertidumbre es la variable que rige la vida empresarial, sí, lo sé. Pero es duro ver como los sueños estallan en mil pedazos sin que se pueda hacer nada al respecto.

Ni modos. Antes de sacudirme y acomodar el plumaje, antes de empezar a pensar en lo que sigue, antes de consolarme ententiendo que las cosas pasan por algo y que lo que no es para uno, sencillamente no es, antes de mirar al cielo y dar gracias porque sólo  Dios sabe de lo que me apartó, quiero recoger los pedazos de fantasía que quedaron regados por doquier. 

Entiendo que es un error echar a volar la imaginación y prefigurar escenarios de lo que va a ser. ¿Pero, qué sería yo sin mi fantasía? La ilusión de encontrar ventanas de oportunidad ha sido el motor de mi vida. No puedo dejarla tirada, no debo dejarla rota. Por eso, antes de seguir adelante, voy a tomar todos los pedacitos y me voy a poner a repararlos. No me puedo dar el lujo de traerlos rotos ni deshilachados. 

Volveré a intentarlo. Muchos me verán y volverán los ojos al techo, pensarán que la necedad se anida en mi mente. Y, sí, la perseverancia tiene muchos rasgos de terquedad. Pero, antes, toca reparar. Volver a tomar perspectiva, analizar qué salió mal y cómo fue que una ilusión estalló a minutos de volverse realidad. Y, así, volver a intentarlo. Por lo pronto, me verán recogiendo los pedazos de fantasía que se me quedaron en el camino.

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