Integrarse o desintegrarse, ¿ese es el dilema?

Los discursos cambian de un momento a otro. Los movimientos son drásticos, lo que antes era vigente deja de serlo y las ideas actuales toman causes antagónicos. Apenas hace unos años, la globalización era el tema regente y la intención mundial era tirar las barreras fronterizas. Mientras más integrado estuviera el mundo, mejor. Así, regiones comerciales hechas una, tratados de libre comercio, zonas económicas unificadas era lo que perfilaba al mundo. Hoy, parece que eso ya no es relevante. Hay que celebrar las diferencias, aunque sean mínimas; hay que elevar murallas, poner obstáculos, establecer fronteras dificiles de franquear. 

Si el Ser Humano en lo individual se hace más individualista, los países tienden a volverse más restrictivos. Si antes las diferencias se diluían, hoy se subrayan. La integración lucha contra los nacionalismos. Y, lo que ayer parecía una buena idea, en estos momentos está a punto de desintegrarse. Europa tiembla, le salen grietas. Gran Bretaña se siente el hermano mayor que ya se enfadó de los berrinches de los chiquitos, se hartó de los desordenes, de las fiestas y los abusos; quiere revalorar su posición, no le gusta pagar los platos que los ingleses no rompieron.

Hoy, acuden a las urnas. Opinarán si se quedan o se van. Irse, les aliviará esa sensación de estar cargando con una serie de pesos que no le corresponden pero, habrá que valorar si ese alivio no les traerá más agobio. David Cameron sale a advertir de los impactos. Los mercados aguardan, ¿queremos volver al súper dólar? Por un lado, arrear a unos puede implicar molestia, pero quita una subordinación que en el pasado resultó un yugo difícil de llevar.

Los europeos lamentan que los ingleses se quieran ir. No les gusta el desprecio, pero temen la soledad a que esta desintegración los puede condenar. Perefieren estar acompañados, aunque que unos sean más diferentes que otros.

Los ingleses olvidan que no se puede tener todo. Quedarse tiene ventajas, irse trae consecuencias y viceversa. Lo cierto es que el mundo se globalizó y nadie puede tender muros tan altos que paren en flujo de la tecnología. En la simpleza se encuentran buenas respuestas. Tal vez los británicos no deberían brincar tanto y podrían enterarse de que el suelo está parejo. Tal vez deberían enterarse que si siguen brincando, van a hacer un hoyo que puede servir de fosa de enterramiento. ¿Y luego, qué?

El Brexit, pone al mundo a la lupa. ¿Somos uno o no? ¿Qué nos conviene? La diferencias se notan, siempre se notarán, pero, veremos si son cimiento para construir o grietas que no se pueden salvar. 

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