La mirada de Mohamed Ali

Vi muchas veces a Mohamed Ali, él me vio a mí una. Lo empecé a ver cuando aún tenía otro nombre: Cassius Clay. Veía el box junto a mi padre con la condición de portarme bien, de no hacer ruido y de dejarlo ver la pelea. El plan puede no sonar muy atractivo, lo era. Mi papá me explicaba. Eran los tiempos de las peleas con Joe Frazier. Clay era un competidor duro, arrogante, fanfarrón. Sus peleas hacen parecer otra cosa, pero fíjate, decía mi papá, está dominado al contrario desde la cabeza, lo desespera, se le mete en el pensamiento y ahí le gana. Es un estratega. 

Ver el box con mi papá era tan divertido, era un puente de complicidad. Era algo reservado sólo para nosotros. Mi mamá no se acercaba porque no le gustaba ver hombres pegandose entre sí y porque estaba cuidando a mi hermana que era muy pequeña, mi hermano ni siquiera era un proyecto.  Ahí, hijita, está Malcolm X, es un luchador, un activista ¿entiendes? Claro que no entendía nada. Pero me gustaba tanto que mi papá me explicara. Era como si hablara a la persona que sería en el futuro y no a una niña de cuatro años.

Me enteré que Cassius Clay se cambió el nombre por el de Mohamed Ali y mi padre me dijo las razones que tuvo para renunciar al anterior. Era dejar atrás un nombre de esclavitud por uno de libertad.Me contó que no quiso ir a la guerra y que no le importó sufrir las consecuencias. Es un asututo, decía mi papá, está convirtiendose a sí mismo en una leyenda. La voz me llega desde un pasado que no quisiera que fuera tan remoto, pero es clara y fuerte. Vi muchas peleas de Clay y luego de Ali.

Pero, la vez que Ali me vio iba con mi mamá. Las dos estabamos en el consultorio frente al del Dr. Madrazo, esperando la cita, cuando vimos pasar a un hombre tembloroso en silla de ruedas. Mi madre me miro, para advertirme de quien se trataba sin decir ni media palabra. Salí al pasillo y me lo topé de frente. No era ni de cerca el monolito casi perfecto que vi pelear. Era un hombre atribulado por el Parkinson que vino a México a buscar salud. 

La mirada no fue arrogante, fue poderosísima. No bajó la vista, me vio, supo que lo había reconocido. No me sonrió pero hubo un toque indescriptible. Fue como ver a un león envejecido pero que no ha perdido majestad. La persona que empujaba la silla se detuvo un instante y después entraron al consultorio sin parar en la sala de espera. Era Cassius Clay, ¿verdad? No, mami, era Mohamed Ali. Y, sí, el hombre con una mirada se me metió en la cabeza.

La muerte se apiado de él y vino a recogerlo y a darle descanso. Fueron muchos golpes, aunque pudo haber recibido más. Quizas fue una falla respiraroria, una infección generalizada, sólo Dios lo sabe. Muchos lo recuerdan en el cuadrilátero, otros encendiendo el pebetero olímpico. Yo recuerdo el día en que Mohamed Alí me vio a mí.buen viaje, gran león.

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. bigbenantiguedades
    Jun 05, 2016 @ 00:32:51

    Hola, qué privilegio haberlo conocido aunque sea en el epílogo de su vida, ya habría querido tener ese tremendo honor porque realmente lo admiraba. No he vuelto a ver en el cuadrilatero un boxeador como él. Lindo Post!! Patricia

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  2. roberto linares
    Oct 23, 2016 @ 11:53:07

    EMOTIVOS RECUERDOS, RECONOCIMIENTO A LA ACTITUD DE TU PADRE. COINCIDENCIA DE QUE EL GRAN BOXEADOR SE HAYA PUESTO BAJO LOS CUIDADOS DE MADRAZO. EJEMPLAR ACCIÒN DE CASSIUS CLAY EN CONTRA DE LA INHUMANA, ABSURDA Y MERCANTIL GUERRA DE VIETNAM.

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