¿Y el sentido común?

Amanecemos con la novedad de un nuevo doble hoy no circula. Ciertamente, la bruma que cubre a la Ciudad de México nos hace sospechar que estamos respirando puras porquerías y el sentido común nos lleva a sospechar que lo que respiramos no es necesariamente sano. En ese sentido, nadie discute. Hay que hacer lo necesario para mejorar la calidad del aire. La solidaridad de los capitalinos no está a prueba, hemos demostrado que a la hora buena sabemos cooperar. 

Lo que pasa es que nos da por pensar que algo anda mal. Mientras muchos encerramos en auto y salimos a la calle a buscar otro medio para movernos y seguir viviendo, otros andan con chimeneas contaminantes, luciendo flagrantemente su capacidad de ensuciar sin que nadie les diga nada. No nos parece justo, no nos gusta y nos ofende que nos traten así. Me parece que si en vez de parar a medio parque vehicular, pararan a tanto autobús, microbús y camiones que echan humo negro como si eso fuera su motivo de vida, se tendrían mejores resultados. 

Pero la Comisión del Aire ignora, hace caso omiso y desde sus bellos escritorios deciden que los ciudadanos encierren sus coches es lo mejor. Las evidencias del fracaso de sus decisiones ni los mortifican ni los hacen cambiar el rumbo. En una actitud autocrática, dejan de ver a sus gobernados y se aferran a los dictados de sus mentes iluminadas. Han de pensar que están en Versalles. No slaen de su ensimismamiento, no sea que se den cuenta que están en la Ciudad de México. Lo suyo ha de ser comer bombones y decretar, sin que realmente sea importante lo que deviene de sus decisiones. 

¿Para qué pensar en otras soluciones? No, que se encierren. Eso de sincronizar semáforos no les resulta pertinente ni dejar las obras de bacheo para otros días ni multar a los vehículos oficiales que salen cuando no les toca ni castigar a laspatrullas que   se estacionan en doble fila o a los caminoes recolectores de basura que originan embotellamientos a todas horas. De eso, ni hablar.

Tampoco se les ocurre cambiar los horarios de entrega de mercancías, de circulación de camiones repartidores, de trabajos de mantenimiento, de horas específicas para que los trailers entren a la Ciudad. No, eso de pensar no les resulta conveniente. Pierden el sentido común y no les avergüenza hacerlo evidente.

¿Y el sentido común? Seguramente está amarrado y escondido en algún clóset o traspapelado en algún archivero, porque en las calles no hay evidencia de su imperio. Los ciudadanos oimos el serrucho y vemos como nuestras autoridades, de inteligencia tan superior, se sientan en la rama mientras la van cortando. La bruma avanza. 

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