Entre la transparencia y la verdad histórica

Cuando algo es transparente permite que las cosas se vean con claridad, muestra. La opacidad oculta. Ocatvio Paz dijo que México está enfermo por sospechar y a mí me da la impresión de que estamos lejos de alcanzar la cura. Para que una herida sane hay que limpiarla, echarle desifectante y dejarla al sol para que se vaya reparando. Si una lastimadura se tapa, se envuelve, se le niega la luz, brota la pus, el mal olor, llega la podredumbre y la gangrena causa estragos. Ni mil medicamentos de alto espectro serán suficientes si en vez de airearla, la cubrimos.

Pero, en México nos gusta eso del encubrimiento, creemos que tapando el sol con un dedo le cubrimos el ojo al macho. Pues no, los aromas fétidos surgen y esos no hay forma de disimularlos. En lo grande y en lo pequeño actuamos de la misma forma: si la monja resultó embarazada, se le consigna al calabozo para que no luzca la panza, luego se le arrebata al recién nacido, se regala a la criatura y asunto arreglado. Nada de asunto arreglado, hubo quienes oyeron llantos y vieron pañales. El murmullo se empieza a escuchar y el resentimiento queda marcado en un rostro. ¿Cómo no vamos a sospechar?

No somos tontos, cuando nos cuentan una mentira, torcemos la boca, nos rascamos la barbilla y la mente se desata. Tal vez, Pinocho piense que se salió con la suya, pero la nariz tan larga lo delata. Sospechamos, no hay de otra. Parece que le tenemos miedo a la verdad. No sabemos qué hacer con ella y, como si fuera un bicho raro, optamos por esconderla. Para justificar, entramos en un juego costoso y complicado para armar una versión oficial, una verdad histórica. Trabajamos el doble para ganar verosimilitud y, de todas formas, la verdad sale.

Si en México enfocaramos los esfuerzos de justificar en producir, seríamos los reyes del mundo. Pero preferimos desgastar imágenes, gastar fortunas y generar sospechas que decir la verdad, ¿por? Elegimos pagar el pato más caro de todos y ponemos a girar la rueda de la locura. Sino, ¿por qué la Ley de Transparencia se quedó durmiendo el sueño de los justos en el legislativo? Nuestros representantes prefirieron echarle tierrita al asunto, el hedor brota y nosotros nos ponemos a sospechar. Sí, la cura a esta enfermedad no parece estar cerca.

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