Cervantes y Shakespeare

La dimensión inagotable del que observa y sabe plasmar en letras eso que le duele al mundo fue la enorme virtud que tuvieron William Shakespeare y Miguel de Cervantes Saavedra. Tendemos a compararlos, a meternos en una competencia para enjuiciar quién es el ganador. Es un error, a los grandes, en vez de contrastarlos hay que mirarlos, hay que valorarlos y para ello, es preciso leerlos.

A William Shakespeare nadie le igualó esa ambición por llevar al escenario todo lo que su ojo crítico captaba. Cervantes tuvo la cualidad de llevar a la narrativa a un grado superlativo en el que la cotidianidad nos provoca risa. Ambos supieron encontrar el camino para legarle a la Humanidad una forma crítica del hombre de sus días para retratar al Hombre.

La preocupación por la identidad se refleja en la obra de estos dos grandes. ¿Qué sentimientos tiene Julieta al conocer la identidad de quien la ha besado? Ella se pregunta por la base misma de su existencia, se pregunta por su identidad. De Romeo sabemos que está enamorado y correspondido. En cambio, lo primero que sabemos de Don Quijote de la Mancha es que está loco, sin embargo, en medio de su frenesí el exclama: Yo sé quién soy.[1]

                Hay un hilo conductor entre estos dos autores que jamás se conocieron: vivieron en la misma época y padecieron la tendencia belicista del siglo XVII. Ambos fueron más allá del oropel y se centraron en el análisis de lo humano. Los dos han logrado con éxito, quitarse esa oscura mancha que los críticos les quieren imponer y, tristemente, ambos tienen personajes más conocidos de oídas que los que en realidad los han leído.

Lo curioso es que esa posibilidad de observar con atención al Hombre nos da a personajes tan actuales como el Licenciado Vidriera, cuyo sueño es honrar a su familia con los estudios, o las tormentas de Otelo por creer las intrigas de Yago. En sus obras, Cervantes y Shakespeare aparecen y desaparecen en forma intermitente. Se nos presentan mirándonos de frente y nos hacen sentir que nos conocen íntimamente a pesar de los años que nos separan.

Podríamos pensar que tanto Cervantes como Shakespeare tuvieron el ingenio en la pluma, y sin duda acertaríamos. No obstante, me parece que el gran don con el que fueron bendecidos quedó en el ojo: en esa posibilidad de captar la relevancia. Ellos no se dejaron engañar por la circunstancia ni por la apariencia. Tuvieron la agudeza de desbaratar lo irrelevante, lo insubstancial, lo falso para dar con la clave de plasmar en el límite terrible de una hoja en blanco, lo inconmensurable que resulta el interior de una mujer y un hombre.

Ha sido tan potente su caudal literario que hoy siguen siendo creadores de cabecera de la Literatura Universal, inspiración de creadores modernos y referencia indesplazable para los eruditos de todo el mundo.

Mueren Cervantes y Shakespeare el mismo día, o al menos así lo hemos venido celebrando por años. Decidimos hacer coincidir la fecha de su muerte el 23 de abril de 1616, aunque los expertos nos hacen notar que en aquellos años había un desfase entre los calendarios inglés y español. El Papa Gregorio XII adelantó diez días el calendario, por lo que para los ingleses murió el 23 de abril y para los países católicos el 3 de mayo.

No importa, hoy hemos decidido celebrar a dos grandes de la Literatura. Hoy nos pusimos de acuerdo para decir que hace cuatrocientos años murieron Cervantes y Shakespeare y, por lo tanto, hay motivo para recordarlos y homenajearlos. Eso es lo realmente importante. Rendir tributo a dos autores que tocaron temas y situaciones que describen el comportamiento humano en forma tan precisa que hoy nos logramos ver reflejados.

Sin duda, la mejor forma de homenajearlos es leerlos. Saber que todas las efigies que hemos visto de Cervantes y Shakespeare, tantas estatuas, cuadros, artesanías, recuerditos, tienen un origen sustentado. Don Quijote existe al igual que Hamlet, más allá de lo paratextual, existen porque fueron escritos de una forma tal que lograron brincar de las letras a otras fronteras. Siempre resulta interesante llegar al origen y leer los renglones que Cervantes y Shakespeare nos dejaron, estamos tan cerca de ellos como un clic en la computadora o abrir las pastas de sus libros.

Esa es la magia de las letras.

Por ello, en vez de ponerlos a competir, es mejor ponernos a leer sus maravillas. Sí, sus maravillas.

[1] El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Capitulo V, parte I

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