Amiguitas

La única manera de tener un amigo es serlo.
Ralph Waldo Emerson
Ayer me reuní con mis amiguitas de primaria. El diminutivo no sobra, las conozco desde que eramos pequeñitas, desde que teníamos las piernas cortas, hoyitos en los nudillos, corríamos, jugabamos resorte, dibujábamos con crayolas, nos moríamos de risa, brincabamos y caminabamos a saltos. Las conozco desde que la mayor ofensa era enseñarnos la lengua y lo  peor  que nos decíamos era córtalas, córtalas para siempre, ya no vuelvo a ser tu amiga. La amenaza era seria, tenía vigencia de cinco minutos. Pasada la caducidad, volvían los juegos y la diversión.

No nos vemos muy seguido, dos o tres veces al año, pero cuando nos reunimos hay una magia especial. De algún modo, el tiempo hace una concesión  y el pasado se hace presente. Es algo singular que me hace tener un pie allá y otro aquí. Vuelvo a ser esa niña que no paraba de hablar y que los maestros tuvieron que sentar en un lugar especial para que no alborotara al grupo, vuelvo a sentir el vértigo de la travesura y las mariposas en la panza al recordar el patio de la escuela, el lugar en el salón, la vista desde la ventana que daba a la higuera, la tiendita, el boing de triangulito de tamarindo o los tacos de papa que vendía la esposa del conserje de la escuela. También soy la persona que ya recorrió los años y que sabe recoger las palabras para escuchar. 

Al oír a cada una de ellas, al enterarme de sus éxitos y de los tragos amargos que les ha tocado pasar, al ver que todas nos ponemos lentes para consultar el menú o que extendemos el brazo para leer cualquier cosa, de inmediato me vienen a la mente esas caritas sonrientes o el uniforme de la escuela o la letra de las tareas o el timbre de voz o… cualquier recuerdo de cada una de ellas. Lo actual y lo de ayer se superpone, no importa cuántos años hayan pasado, lo que pasó entonces sigue siendo un hilo vinculante que tiene gran poder. 

Me reuno con mis amiguitas, no muy frecuentemente, no siempre llegamos las mismas, no vamos al mismo lugar pero todas hacemos un alto a la cotidianidad y corremos a ese espacio que sólo podemos tener entre nosotras, que edificamos con anécdotas de ayer, con sucesos de hoy y seguimos tejiendo amistad. Dice Lukas Graham en 7 years que el antídoto contra la soledad es hacer amigos. Mi mamá decía que no bastaba con hacerlos, también había que conservarlos. Es cierto.

Nunca es largo el camino que lleva a encontrarte con un amigo. 

Asi, casi sin darnos cuenta, cada una escuchaba sonriente a la que tomaba la palabra, con esa felicidad que da compartir el encanto de la complicidad y la sorpresa de la transformación: la seria se volvió traviesa, la parlanchina ahora está reflexiva, la hermosa conserva esos ojos espectaculares, la sensata se ha despeinado varias veces, la juiciosa ahora es más prudente. En fin, crecimos. Y así, casi, casi podría decir que incluso a pesar de ello, de vez en cuando, algunas veces al año, logramos la proeza, hacemos lo que dicen que es imposible y nos ponemos a jugar con el tiempo. Paramos el reloj y echamos atrás la manecillas. Dejamos el día a día y corremos a ver a nuestras amiguitas y volvemos a ser alumnas de The Emerson School. 

Ejercercemos el privilegio de ser amiguitas.

  

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